¿Qué padre no ha tenido la experiencia de tratar de consolar a un niño febril llorando en la noche? Después de sentir la frente caliente, tomar la temperatura del menor es el siguiente paso a seguir. Si se trata de un bebé recién nacido, hay que tomar la fiebre en serio y consultar al pediatra, pero en el caso de niños mayores, no es necesario llevarlos automáticamente a la sala de emergencias.

En niños sanos, la fiebre no siempre indica algo grave. Y no todos los casos necesitan ser tratados con medicamentos para bajar la temperatura.

Es importante que sepa que la temperatura corporal normal es de unos 98.6 º F, y que se trata de fiebre cuando ésta llega a los 100.4 F o más. Para los recién nacidos con fiebre, los padres deben consultar inmediatamente al médico. Para medir la temperatura del pequeño lo más indicado es hacerlo con un termómetro rectal. Si toma le lectura en otra parte del cuerpo del niño, dígaselo al doctor, ya que las lecturas podrían indicar números diferentes.

Tenga en cuenta que la fiebre es a menudo la manera del cuerpo de mostrar que está luchando contra una infección, por lo que los padres deben revisar en los niños otros síntomas de alguna otra enfermedad.

Aunque la mayoría de las fiebres durante los primeros meses de vida de un bebé son causadas por los virus del resfriado común, el sistema inmunológico inmaduro del pequeño podría ponerlo en un  riesgo mayor de tener una infección más seria.

La fiebre es un síntoma, no una enfermedad propia. En realidad, puede servir a un propósito útil para ayudar al cuerpo a combatir infecciones, por lo que no siempre necesita ser tratada, a menos que esté afectando la salud del niño o que le resulte intolerable.

Casi todos los medicamentos para bajar la fiebre contienen acetaminofén o ibuprofeno. Lo mejor es consultar con un medico para saber cuál utilizar y bajo qué circunstancias. Los medicamentos destinados a los bebés vienen en forma líquida o como supositorios rectales y la dosificación se basa en el peso del bebé.

La aspirina no debe administrarse a los recién nacidos, lactantes o niños, excepto en casos excepcionales y específicos según lo determinado por los médicos, ya que tiene el potencial de causar el síndrome de Reye, una enfermedad grave que puede causar daño al cerebro y al hígado. EC

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