Con un equipo alternativo, el Tri busca refrendar el título de este torneo que arranca el domingo 7 en Pasadena

Pepe Penales. Los Angeles | 28 de junio de 2013

Hizo lo que pudo. No fue mucho. La selección mexicana no pasó de la primera ronda en la Confederaciones. A descansar y prepararse para la eliminatoria. Mientras, otro tricolor está a punto de entrar en acción para defender la verde en Estados Unidos. La Copa Oro inicia el domingo 7 en el Rose Bowl de Pasadena.

Se le va a exigir al combinado dirigido por Chava Reyes y su auxiliar “El Potro” Gutiérrez. Los rivales son de menor jerarquía. Honduras, Estados Unidos y Costa Rica pueden hacer ruido. De allí en fuera, pura calderilla.

El actual campeón es México. Lo ha sido en las dos últimas ocasiones a costa de los gringos. Es el favorito el equipo azteca. La incógnita es ver si este escuadrón rinde mejores dividendos que el dirigido por “El Chepo”. No hay “europeos”, puro producto nacional.

El Tri choca con Panamá casi en casa. Los mexicanos serán mayoría en Pasadena y adondequiera que vaya el equipo. Canadá y Martinica es el resto de su pelotón. Si no pasan en su grupo será para llorar. El plantel tiene calidad de sobra para este nivel. Moi Muñoz, Layún, Leobardo López, Israel Jiménez, Ponce, Huiqui, “Chatón”, Marco Fabián, “Gullit”, Raúl Jiménez, “Chuleta”.

El rival a vencer es otra vez el anfitrión. Estados Unidos también presenta un equipo mezclado donde resalta el regreso de Landon Donovan. Klinsmann dice que van por el título y se quieren vengar de México, su coco en esta justa.

Está en juego medio boleto para la Confederaciones del 2017. El que gane esta edición tendrá que jugar un partido único contra el que quede campeón en la Copa Oro 2015.

Lo que le importa  al aficionado mexicano es ver que su selección gane, que lleguen los goles, que el “Conejito” Brizuela, Márquez Lugo, Jiménez y el “Chuleta” la pongan en la red. Que Marco Fabián genere fútbol, que el “Gullit” Peña y Luis Montes sean la variante del tiro de media distancia. Que corran, presionen, que muerdan al rival, que enseñen otra cara, más atrevida y menos tacaña. Que construyan un camino hacia la final del 28 de julio. El Soldier Field de Chicago puede ser el escenario del alivio, momentáneo, pero un alivio al fin y al cabo. EC

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