Empezó en Roosevelt High School con confianza, ya que tenía amigos que ya asistían a su este centro. Recuerda que en el octavo grado tomó una clase de tecnología que lo marcó muy positivamente. En ella puso en práctica sus conocimientos matemáticos para llevar a cabo proyectos de autos, cohetes y cómo manejar aviones. Fue una introducción a la ingeniería, a la que ahora le gustaría enfocar sus estudios.

Además de estar en clases avanzadas, Gustavo encontró tiempo para poder ayudar a la comunidad. Así, en 10º grado, ayudó durante un verano en una clase de preescolar como asistente del maestro; a través del año escolar fue voluntario dando clases de matemáticas a otros estudiantes (incluso pasado un tiempo se convirtió en un trabajo a tiempo parcial pagado por la escuela); y diversos servicios comunitarios a través de un programa estival de la universidad de Berkeley.

Este estudiante tomó ventaja del proyecto Precollegiate Academy of Berkeley de University of California Berkeley, del décimo al décimo primer grado de high school. Este curso de verano tiene una duración de seis semanas, en las que estudiantes procedentes de todo el estado intercambian experiencias, aprenden acerca de la vida universitaria y dedican su tiempo a actividades de ayuda a la comunidad.

Durante este último año de high school, Gustavo ha encontrado el gusto por la lectura. Dos de sus libros favoritos son Poisonwood Bible, de Barbara Kingsolver y Brave New World, de Aldous Huxley.

Recientemente Gustavo Martell fue premiado por la congresista Diane Feinstein, debido a su alto promedio de notas, nada más y nada menos que 4.3 GPA.

Desde el once grado decidió que quería ir a la universidad de Berkeley a estudiar ingeniería. Esta escuela no sólo posee un buen programa, sino que cuenta con una tradición en los deportes, y a Gustavo le gusta practicar el atletismo (cross country y track) y ver los juegos de fútbol americano y baloncesto.

Este estudiante aconseja a los jóvenes latinos que no abandonen los estudios por más difíciles que sean; que se esfuercen y tendrán más oportunidades cuando cuenten con un diploma de high school o universidad. Además, piensa que Los Angeles necesita más escuelas para ofrecer una educación más personalizada y de calidad a los alumnos.

Gustavo sueña con llegar a ser algún día ingeniero.

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