La “nueva selección mexicana” apuesta por un sistema súper ofensivo cuando enfrente a Nueva Zelanda en el Azteca

Pepe Penales, Los Angeles | 1 Noviembre 2013

La nueva cara del Tri es osada, es vertical, es libre. Eso es lo que se vio en su experimento ante Finlandia. Fácil pero tuvo sus asegunes. Abajo hubo serias desatenciones. Hay que corregir. “El Piojo” se la juega sin “europeos”. Serán los mismos que estuvieron en San Diego.

Ojo, muchos consideran a Nueva Zelanda menos que los lapones, pero no hay que olvidar está en juego el boleto al Mundial de Brasil y que por ello los oceánicos saldrán a dejarlo todo en la cancha o, al menos, a meter el camión entero en su portería y a intimidar, con su presencia física, a la selección mexicana.

El Tri cambiará poco de lo visto en San Diego. Su línea de cinco se vio fuerte, sobre todo por las laterales con esos dos galgos llamados Paul Aguilar y Miguel Layún invadiendo territorio enemigo y demostrando un fuelle impresionante.

El medio campo de la selección mexicana seguirá en manos del Gullit Peña y de Luis Montes, dos que se entienden a la perfección y que son capaces de manejar los tiempos del partido. Arriba Oribe Peralta debe ser inamovible. Jiménez o De Nigris será el copiloto del “Cepillo”. El “Chicharito” y el resto de los “europeos” no serán llamados por Herrera.

El América reforzado necesita goles. Una mayor diferencia a favor puede ser la clave para rescatar el tesoro perdido. Al menos a los hombres del “Piojo” no se los comió el temor y la ansiedad, esa que se respiraba en la oncena dirigida por “El Chepo” de la Torre. Se notan más sueltos, sedientos de sangre, con ganas de ofender.

La altitud del D.F., el smog, la hora (2 de la tarde en México). Hay que sacar provecho de todo. No hay que dejar cabos sueltos. La selección de los mares del sur, Nueva Zelanda, hará lo mismo. Mucho viento y zapatazos desde todos los ángulos cuando jueguen en casa, allá en Wellington. Por eso hay que buscar la goleada en el Azteca. El Tri necesita, debe y puede definir la serie en casa.

Pero hay que tener los pies en la tierra. No hay que subestimar. No hay que confiarse. No hay que embriagarse con el vino de la soberbia. Otra vez no. Todos esperan que la verde con tintes de amarillo haya aprendido la lección.

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