En Estados Unidos casi un tercio de la población adulta tiene sobrepeso, siendo un 15 por ciento menores de 18 años. Esta cifra es aún más alta entre los niños latinos, en concreto un 23 por ciento, lo que equivale a uno de cada cuatro. Parte del problema se debe a la falsa idea de que un niño gordito parece más saludable.

Las complicaciones de la obesidad son muy serias, por ello cuanto más temprano se diagnostique más posibilidades hay de que se puedan prevenir enfermedades como la presión arterial alta y la diabetes tipo 2. Estas enfermedades, propias de los adultos, están empezando a ser comunes en niños obesos.

En niños, los huesos sometidos a sobrepeso pueden curvar las piernas, como ocurre en la enfermedad de Blount, o pueden dislocar la cadera, tal y como sucede en la condición conocida como deslizamiento de la cabeza del hueso femoral. Las dos son enfermedades extremadamente dolorosas que requieren cortes en los huesos y fijación con largos clavos para su corrección.

Niños y adultos extremadamente obesos pueden padecer de apnea obstructiva, una condición que causa ronquidos severos y hace que la respiración se vea interrumpida durante el sueño. Los afectados por esta enfermedad suelen estar más cansados durante el día y son más propicios a sufrir accidentes.

Se puede prevenir
Las causas de la obesidad son diversas, siendo raros los casos relacionados con un trastorno glandular como problemas con la tiroides; los genes pueden influir, pero la gran mayoría de los casos obedecen a una combinación de falta de acceso a la información, ausencia de ejercicio físico y consumo desproporcionado de calorías.

La prevención y tratamiento de la obesidad requiere un cambio radical en el estilo de vida del niño y de la familia.

La Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños menores de dos años no vean la televisión, y para aquellos mayores de dos años, más de dos horas al día de televisión es contraproducente.

No hay razón para que los niños con sobrepeso tengan una televisión en su cuarto; al eliminarla, las posibilidades de ser más activos físicamente aumentan. Limitar las horas a las que un niño se expone a la televisión requiere que los padres se involucren más en las actividades que sus hijos realizan, jugando más con ellos y haciendo ejercicio y actividades al aire libre.

Una dieta balanceada hará el resto. Se deben cambiar las golosinas azucaradas y grasosas por frutas y vegetales frescos para las meriendas. Escoger alimentos con alto contenido en fibra (chícharos, frijoles, avena) sobre aquellos con gran contenido en grasa (frituras, donuts, papas fritas) es primordial.

En general, el objetivo debe ser llevar una alimentación diaria sana y balanceada y tratar de evitar las dietas, ya que éstas no funcionan si no se cambia el estilo de vida.
Este objetivo deben seguirlo no sólo las familias, sino también las escuelas, con menús más sanos, las comunidades, con calles más seguras que inciten a caminar por ellas y las entidades de salud al reconocer que es más costoso curar que prevenir esta terrible enfermedad.

La Dra. Eyda Samuels está especializada en pediatría en el Hospital Albert Einstein, Philadephia, PA.

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