No se ha topado con ninguno de los grandes nombres del circuito, pero no hay duda de que Rafa Nadal se vuelve a sentir cómodo en la pista. Ya son tres los partidos que el mallorquín ha disputado desde su vuelta a la competición tras mes y medio de ausencia por lesión, y de momento los ha solventado con aparente autoridad.
 
Pese a todo, su última víctima en el Masters 1000 de Indian Wells, el estadounidense John Isner, dio más problemas de los esperados y le arrebató el segundo set al español, que se llevó el partido por 7-5, 2-6 y 6-3.  
 
El americano intentó hacer las cosas bien apoyado en su poderoso saque, pero no tuvo demasiados argumentos cuando el número tres del mundo le planteó peloteos desde el fondo de la pista. Impresionan sus 2.06 metros de altura a la hora de servir, aunque son a su vez un tremendo impedimento para soportar un ritmo de juego como el que impone siempre el de Manacor.
 
De inicio, Nadal cumplió con solvencia con su servicio —aunque con un bajo porcentaje de acierto en los primeros, 62%— para después limitarse a esperar su oportunidad al resto. Entre palo y palo del cañonero número 20 del mundo, su mejor posición en la ATP hasta la fecha, surgieron los huecos para mover al gigantón de Carolina del Norte, que acabó por ceder ante el tenis preciso del Oro olímpico en los Juegos de Pekín.
 
El balear tuvo la paciencia para encontrar su momento, un único punto de ‘break’ en la primera manga que hizo bueno con un fabuloso ‘passing’ paralelo que superó a Isner en su subida a la red. La derecha volvió a funcionar y los gestos de rabia de Nadal se hicieron sentir en el undécimo juego del set inicial, que se resolvió gracias a ese único break por 7-5. No era la apisonadora que arrolló a Mario Ancic el lunes por un doble 6-2, pero el viento soplaba a favor.
 
Parecía que la cosa se ponía más de cara todavía en el primer juego del segundo set, cuando el español dispuso de dos bolas de ruptura. No pudo aprovecharlas y pagó un alto precio por ello. En el siguiente juego, dos dobles faltas consecutivas condenaron las opciones de Nadal, que jugó a merced de la gran derecha del americano el resto del parcial. 6-3. Volvió el rictus serio.
 
El partido entró en una fase peligrosa cuando Isner consiguió desplegar todo su potencial, con un ‘drive’ mortal en los primeros compases del tercer set, pero Nadal sacó a relucir su experiencia y arsenal para volver a forzar tres puntos de ruptura en el cuarto juego. El cuádruple campeón de Roland Garros puso las cosas en su sitio con un 4-1 que dejaba el encuentro visto para sentencia y que acabó con el 6-3 final.
 
El balear resolvió con mucho oficio un partido complicado contra uno de los rivales incómodos del circuito, capaz de amargar la existencia a cualquiera con su inmensa capacidad de servicio —22 saques directos— y en plena progresión a sus 24 años.
 
Ahora espera la ronda de cuartos de final, con un rival en principio asequible para el campeón de Wimbledon, que saldrá del cruce entre el serbio Victor Troicki y el checho Thomas Berdych. Y todo ello con Roger Federer ya lejos del desierto californiano tras caer con el chipriota Marcos Baghdatis el martes por la noche.

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