Víctor Manuel Vucetich lo volvió a hacer. Obtuvo su quinto título de liga en igual número de oportunidades, esta vez con los Rayados de Monterrey pasándole por encima a los Guerreros del Santos por 3-0 en el duelo de vuelta.

Los de Vuce fueron sencillamente superiores a Santos. Todas las líneas del ataque santista fueron nulificadas por la defensa rayada, a pesar de que eran los locales los que necesitaban los goles para revertir la derrota conseguida en el estadio Corona de Torreón.

Pero incluso en el duelo de ida se vio a un Monterrey mejor parado en la cancha con una dupla de miedo en el frente de ataque conformada por De Nigris y Suazo.

En el Tec los de casa no hicieron más que dejar en claro su poderío en todos los sectores de la cancha. Con Ludueña, el “Chema” Cárdenas y el “Chato” Rodríguez en la banca santista, los explosivos delanteros Quintero y Benítez batallaron solos en busca de ampliar el marcador a favor de los de la comarca.

En cambio, los regios eran por momentos un huracán que hacía estragos en el área de Oswaldo con Suazo y De Nigris como ejecutores de las constantes llegadas de William Paredes, Neri Cardozo y Walter Ayoví.

Antes del primero tanto del “Chupete”, los Rayados ya habían avisado en otras ocasiones del peligro latente que se dejaba sentir en el área verdiblanca, lo cual reflejó la paciencia de los locales para seguir machacando hasta abrir el ostión.

Los de Romano intentaron, pero nunca consiguieron inquietar al meta Jonathan Orozco, mientras que Oswaldo siempre estuvo trabajando a destajo. Si bien De Nigris no se hizo presente en la pizarra, hizo un gran partido presionando, sirviendo de poste y buscando el arco enemigo. Al final le dedicó el título a su hermano Antonio, fallecido el año pasado.

Uno de los leones de la defensa regia fue el argentino José María Basanta, quien tuvo su premio al meter el 2-0 de la tranquilidad rematando de cabeza un tiro de esquina de dudosa colocación, que no debe servir de pretexto para demeritar el triunfo de La Pandilla.

Y para terminar vino la genialidad del andino Suazo, quien terminó de ponerle el último clavo al ataúd del cuadro guerrero, que apesadumbrado veía cómo se le iba de las manos la segunda corona en forma consecutiva.

El que debe estar que no lo caliente ni el sol es Rubén Omar Romano, que no da una en lo que a finales se refiere. Esta fue su cuarta disputa por el título que pierde. Pero el fútbol es de revanchas y Romano ha regresado de peores situaciones a base de trabajo, alma, vida y corazón. Será para la próxima Rubén. Mientras, que la afición más fiel del fútbol mexicano siga celebrando a lo grande.

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