Ya es hora de que Romano se lleve un título. Bajo esa consigna los Guerreros del Santos Laguna salieron dispuestos a conquistar su cuarta estrella en torneos cortos.

El estratega argentino Rubén Omar Romano hizo su carrera como futbolista y técnico en México, pero de las tres finales que ha disputado en el banquillo de entrenador, se ha ido con las manos vacías; la más reciente apenas la temporada pasada cuando Santos cayó con Toluca en penales. La otra cara de la moneda es Vucetich, que de cinco finales disputadas las ha ganado todas, de allí su apodo de “Rey Midas”.

Muy pareja lució la contienda entre dos cuadros que han convertido sus duelos en luchas de poder a poder, siempre arengados por aficionados que abarrotan sus recintos futboleros: el estadio Corona y el Tecnológico.

En el papel figuró como ligero favorito el cuadro de los regios, que tuvo en casa el duelo de vuelta y cuando Santos ha tenido que jugar una final fuera de la Comarca, su cosecha es de cero.

Los de Torreón basan su fuerza en su endiablada dupla delantera conformada por el ecuatoriano Christian Benítez y el colombiano Carlos Darwin Quintero, siendo su zona baja la de mayor porosidad. Lo bueno es que en el fondo está un Oswaldo Sánchez que sigue jugando a un gran nivel y que inyecta de energía a toda la defensa para ponerlos más atentos.

Monterrey es la pausa y el orden, todo lo contrario a la vorágine santista que goza atacando con la velocidad del rayo. En cambio, los Rayados se plantan bien desde Orozco en la meta y con una defensa sólida cimentada por Davino y Basanta. Su medio campo es seguro y solvente, dejando el poder ofensivo en los letales Suazo y De Nigris, una pesadilla para las defensas rivales.

Fue una gran final con dos de los mejores equipos de los últimos años y con un Romano sediento de revancha para poder por fin levantar la copa por primera vez en su carrera.

Guerreros y Rayados hicieron valer su mejor actuación en todo el torneo para llegar a la cita por el título, el cuarto para el que resulte ganador. Mientras, los llamados “grandes” (Cruz Azul, América y Chivas) se siguen lamiendo las heridas y acumulando frustraciones.

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