El estratega capitalino cayó como anillo al dedo para dirigir a una selección mexicana parca y acartonada

Pepe Penales. Los Angeles | 22 de noviembre de 2013

Otro bombero. Igual que pasó con Javier “El Vasco” Aguirre en el pasado, cuando las llamas le quemaban las patitas a los dirigentes del fútbol nacional recurrieron a Miguel Herrera, claro, después de haber regado el tepache con Tena y Vucetich.

Hay algo de similitud en la actitud de Aguirre y de Herrera. Entrones, bromistas, llevados; sin poner barreras, distancias o niveles con sus dirigidos. Siendo uno más.

Nada que ver con la imagen dura y cortada en hielo del “Chepo” de la Torre, ni con la careta diplomática que tenía Sven Goran Eriksson. El futbolista mexicano no es de etiqueta, es de jeans y camiseta.

Por eso encajó bien “El Piojo”. Por su esencia llanera, por sus emociones a flor de piel, por sus gestos. También por su manera franca de tratar a la prensa, de frente y sin complicarse la vida.

“El Piojo” mejoró su guardarropa, pero no cambió su estilo. Eso sí, su trabajo lo fue puliendo en la cancha hasta lograr subirse al trono que significa ser técnico del América, el adinerado, el elitista, el de arriba. Sí, el cuadro acostumbrado a mostrar una imagen de prestigio y buen gusto dobló las manos con la llegada del ñero, del valedor, del naco. Sus jugadores amarillos así lo entendieron y se acomodaron para practicar un fútbol alegre y dominguero.

Todos jalando parejo. Eso es lo que se vio con la selección, un equipo más suelto y mejor asociado, más cercano a su técnico, sin temor a que les leyeran la cuartilla por un error.

Es un secreto a voces, pero Herrera se queda al frente del Tri para guiarlo en Brasil 2014. Un sueño hecho realidad para el que será el entrenador con menos recorrido en la justa mundialista y uno de los más jóvenes.

Está todo listo para que después de la Liguilla en México, Miguel se quite la amarilla y se ponga la verde. “El Turco” Mohamed ya está apalabrado con la directiva azulcrema para ocupar el puesto vacante.

Las incorporaciones de los que juegan en Europa será un plus. Miguel tendrá que hacerles un hueco. Pasado el susto, tendrá tiempo para acomodar mejor sus fichas, para armar un conjunto con una identidad más definida. EC

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