El portugués Cristiano Ronaldo ya está entre los cinco máximos anotadores del cuadro merengue en apenas cinco temporadas de actividad

Pepe Penales. Los Angeles | 27 de septiembre de 2013

Altivo. Frío. Calculador. Como un robot programado para hacer goles. Cristiano Ronaldo sigue sumando con la camiseta blanca, una que han vestido grandes anotadores del conjunto merengue.

El de Madeira, Portugal, avanza imparable rompiendo marcas. Hugo Sánchez hizo 38 goles en una temporada de liga. CR7 hizo 41 en el 2011. Hugol ocupaba el quinto sitio como máximo artillero en la historia del Real con 208 dianas. El portugués ya lleva 211… y contando.

A partir de su segunda temporada con el Madrid, Ronaldo ha metido más de 50 pepinos por año solo en la liga casera. A este paso, en poco más de dos años estaría superando al número uno, Raúl González, quien tiene la marca de 323 goles en 16 temporadas. Cristiano está en apenas su quinta campaña.

Todavía tiene por encima a otros dos históricos, dos leyendas, dos semidioses. La Saeta Rubia, Alfredo Di Stéfano y Ferenc Puskás. El primero un caballero y goleador de raza, el segundo un rebelde con una zurda mágica que a sus 31 años llegó al equipo con una explosión de goles. El local Santillana también está metido en el Olimpo blanco.

Pirri, Paco Gento, Butragueño, Michel, Zamorano, Ronaldo Nazário, Morientes. Artillería pesada, francotiradores, bombarderos. Los referentes de lo que se espera del delantero estrella del momento. Cristiano avanza con paso arrollador hacia la cima. Pareciera insensible, altanero, egoísta, sobrado, pero su rendimiento frente a la meta rival acalla toda crítica.

Su presencia en la cancha es garantía de gol. Promedia más de un pepino por partido. Arranca siempre en uno de los extremos. Se abre camino en campo minado. Erguido, con la mira telescópica apuntando al arco. Hace fintas, amaga, prepara, apunta, dispara y a sumar. Ese es su objetivo, esa es su misión, ese es su destino. Nació para hacer goles.

Para muchos es el mejor del mundo, para otros está por debajo de Messi, otro alienígena. Cuando salta a la cancha Cristiano se convierte en un deleite o en un mal sabor de boca. O lo quieren o lo odian. El, despreocupado, solo se preocupa por meter el balón en la red. Es un trabajo que lo tiene bien aprendido. Es un don inherente a sus dotes de jugador. Es ya un histórico del Real Madrid. EC

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