El técnico y los jugadores del Rebaño encaran con positivismo una nueva temporada con la consigna de pelear por la Copa y la Liga

Pepe Penales. Los Angeles | 19 de julio de 2013

Fueron la burla de todos. Un desastre total. Penúltimo lugar del Clausura 2013. Las Chivas Rayadas del Guadalajara terminaron arrastrando el prestigio y su historia. Atlas y América, sus más odiados rivales, los sometieron. Tocaron fondo. Peor aun, las Aguilas las alcanzaron en el número de títulos de liga ganados.

Benjamín Galindo respira. Vergara lo dejó vivir. Tendrá una segunda oportunidad. El zacatecano lo sabe y trabaja a marchas forzadas para tener el equipo a punto. Una buena pretemporada les augura un inicio esperanzador.

Son las mismas chivas. Se optó por la continuidad. Apenas dos refuerzos de peso llegaron. El zaguero Néstor Vidrio, campeón olímpico con el Tri y Aldo de Nigris, ariete procedente de los Rayados pero que tendrá que esperar un poco para ver acción.

De delanteros están completos. Tienen que superar la magra producción de goles de la temporada anterior. Galindo tiene confianza en que el cuadro estará mejor preparado y completo. La recuperación total de Marco Fabián y “El Chatón” Enríquez es más que bienvenida. Apenas jugaron el torneo pasado.

El ansia de jugar es mucha en los elementos rojiblancos. Su partido de la primera fecha ante Santos se tuvo que posponer por el tema de los seleccionados, pero el martes tendrán su primer agarrón en el torneo de Copa contra Necaxa. Ese es uno de sus objetivos, ganar la Copa. Les puede ayudar anímica y futbolísticamente para encarrilarse rumbo a la liguilla, igual que le pasó al Cruz Azul hace unos meses.

No será sencillo. El chiverío tiene que batallar con sus propias carencias. Sí, mucho positivismo, muchas ganas, pero si en la cancha no hay un funcionamiento mejorado, si los jugadores experimentados no se comprometen, si no llegan los goles, veremos otra temporada para el olvido. Chivas no se lo merece. Es un grande y debe dar la pelea. Reencontrarse con su afición y con su grandeza. Volver a ser candidato a la corona. Encender la pasión cuando salten a la cancha. Dejar la piel y la vida en cada compromiso. Si esto ocurre, perder no será tan doloroso y en cambio, la el dulce de la victoria final estará más cerca. EC

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