El Cruz Azul de México se coronó campeón de la Copa MX el derrotar al Atlante en la final. Un título que les sabe a gloria

Pepe Penales. Los Angeles | 15 de abril de 2013

Las burlas. El escarnio. El oprobio. Se acabó. Por fin, después de poco más de quince años de frustraciones la máquina celeste del Cruz Azul ganó un título. No importa que la copa esté demeritada, que valga poco, que haya sido ante el peor equipo de la liga. Lo que importa a jugadores, directiva y sobre todo a los aficionados cementeros es que se haya terminado la maldición, que se haya dejado atrás el mote de “subcampeonísimo”.

Con mayoría en las tribunas del Quintana Roo, los celestes celebraron con los suyos el tan ansiado título, una Copa MX despreciada pero que a los azules les supo a gloria. Son las mieles del triunfo. En penaltis, pero qué importa si con ello se liberaron presiones, se acabaron maleficios y se levantaron las manos en señal de victoria.

Torrado, Corona, Flores, Barrera, “El Chaco”, Perea, Teófilo, “El Chuleta” y todo el contingente azul abrazado con cuerpo técnico y suplentes, emocionados por un triunfo que se les había negado en muchas otras ocasiones. La última vez que el azul fue campeón fue en el Invierno del 97. A partir de allí empezó la sequía. En 15 años 7 finales perdidas, 4 de ellas en torneos de liga. Terrible para uno de los llamados grandes.

Ahora es momento de reír, de celebrar, de quitarse de encima esa pesada losa del eterno segundón. Así lo entendieron los seguidores celestes en la capital mexicana que hicieron suyo el Angel de la Independencia iluminado del color dominante del equipo de La Noria. También hubo fiesta en Ciudad Cooperativa, cuna del equipo cementero, donde los trabajadores tuvieron libre el jueves posterior al partido.

Muchos seguirán minimizando el título, uno que no se verá reflejado con una estrella en el escudo del equipo. Alegarán que no sirve de nada, que la Copa es totalmente intranscendente, que los equipos de primera la juegan con suplentes. Pero habrá que preguntarle a un jugador celeste, a Memo Vázquez, a Billy Alvarez o a uno de los millones de sufridos aficionados que lo recibieron como un náufrago recibe a un barco en una isla desierta. El maleficio por fin terminó y ahora hay que apuntarle a la Liga. EC

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