El volante ofensivo del Cruz Azul ha recuperado su nivel tras su salida de Chivas, lo que le ha valido ser llamado al Tri y quizá también un boleto a Brasil

Como la historia bíblica del hijo pródigo, Marco Fabián ha vuelto al cobijo del técnico que lo llevó a los Juegos Olímpicos de Londres, donde México ganó la medalla de oro.

Luis Fernando Tena no dudó para aceptarlo bajo los colores de los Cementeros del Cruz Azul y con él en el banco, el media punta zapopano ha tomado su segundo aire. Juega, asiste, anota, se divierte. Lejos del ambiente denso que lo rodeaba en el equipo de las Chivas, Marco cayó perfecto en el esquema del “Flaco” Tena.

Alejado hasta el momento de las tentaciones que le cobraron una costosa factura en el pasado, incluyendo una suspensión de seis meses en la selección por aquella fiesta escandalosa en plena Copa América 2011, el mediocampista encontró la libertad y la alianza de jugadores como Pavone, Joao Rojas, “El Chaco” Jiménez y otros para desplegar todo su talento. No es el salvador del equipo, es uno más del potente armamento de ataque de los celestes. Sin toda la presión sobre sus hombros ha vuelto a ser un jugador determinante.

Sus buenas actuaciones son notorias. Miguel Herrera, técnico del Tri había insinuado que Marco no entraba en sus planes, pero cambió de parecer y lo acaba de llamar para que juegue con la selección el duelo de preparación contra Estados Unidos, el 2 de abril en Phoenix.

Marco sabe que necesita dar una buena demostración ante los gringos y seguir brillando en la liga mexicana. Significaría ganarse un boleto en el avión rumbo al Mundial de Brasil. El premio es irresistible, pero hay que reconocer que existen otros obstáculos para que De la Mora lo logre, entre ellos convencer al “Piojo” que está en mejor momento que elementos como Javier Aquino, Carlos Peña, Luis Montes y “El “Zorrillo” Herrera. A ver si le alcanza. EC

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