Los Siegel han reunido los 30 millones restantes para terminar la que será la mayor residencia privada del país, paralizada en 2009 por la recesión económica

Luca Verne. Los Angeles | 22 de abril del 2013
La opulencia y el mal gusto bien pueden ir cogidos de la mano. No hay mejor ejemplo que el de la llamada “Reina de Versailles”, bautizada de esa forma por el documental que vio la luz en 2012 en relación a su extravagante estilo de vida y al negocio de su marido, el multimillonario David Siegel. Juntos orquestaron la construcción de la mayor residencia privada de Estados Unidos, un edificio descomunal de 100 millones de dólares frente a un lago en Windermere, Florida, que sobrepasaría en tamaño incluso a la Casa Blanca. El problema es que se quedaron sin dinero.
Ahora, cuatro años después de la sacudida de la recesión económica en Estados Unidos, los Siegel, encabezados por el empresario y de la mano de su mujer, la ex reina de belleza Jackie Siegel, han logrado recuperarse y reunir los 30 millones de dólares necesarios para completar su obra cumbre, una mansión construida a imagen y semejanza del Palacio de Versailles.
El plan de Siegel es acomodar a sus ocho hijos en el edificio de 30 habitaciones, aunque con modificaciones en los planos con respecto al dibujo original. Ahora que los niños son más mayores ya no habrá tanto espacio para actividades infantiles sino estudios de yoga y otra clase de ideas, todo a lo grande y sin reparar en gastos como hicieron durante años, mucho antes de que los nubarrones negros de la crisis financiera mundial sacudieron el negocio inmobiliario y turístico de su marido.
Siegel, de 78 años, es el fundador de Westgate Resort, la companía de tiempo compartido más grande del mundo, un régimen que consiste en el derecho de uso de una propiedad y por la que el cliente paga por anticipado, en ocasiones cantidades astronómicas que requieren de un crédito bancario. La crisis del 2008 se llevó por delante varias de sus propiedades y le obligó a recortar cientos de puestos de trabajo.
Las cosas, sin embargo, parecen haber vuelto a la normalidad. El estilo de vida extravagante de Jackie Siegel, retratado con todo lujo de detalles en el documental de Lauren Greenfield, ha vuelto. “Nunca veo una factura”, explica la millonaria al New York Post. “Mi marido me da tarjetas de crédito y yo creo que son mágicas, porque siguen funcionando”.
Es, además, la encargada de supervisar la obra de la gran mansión de Florida, con una hipoteca de 20 millones de dólares, 23 cuartos de baño, 11 cocinas, un garaje para 20 coches, un acuario, una pista de patinaje, una bolera y tres piscinas, entre otras cosas. Han vuelto los buenos tiempos para los Siegel, los del exceso. EC
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