Estos resultados fueron dados a conocer en la reunión anual de la Sociedad para el Estudio del comportamiento Ingestivo (SSIB, por sus siglas en inglés). Los resultados pueden llegar a identificar factores como la bulimia y otros trastornos del  consumo compulsivo de alimentos.
 
El investigador Nicholas Bello, líder del estudio, llegó a la conclusión de que comer una alta cantidad de grasa y de azúcar en la dieta altera los niveles opioides en un área del cerebro, es decir la parte que controla el apetito y el consumo de comida. Estos opioides son una familia de sustancias químicas con acciones similares a las de la morfina y que en el cerebro también se encuentran de manera natural y se han vinculado a la sensación de placer y euforia.
 
Los receptores opioides están situados principalmente en el sistema nervioso central y en el tracto gastrointestinal. 
 
Según el Instituto Nacional de Abuso de Drogas, los opioides actúan adhiriéndose a proteínas específicas llamadas receptores de opioides, que se encuentran en el cerebro, la médula espinal, y el tracto gastrointestinal. Cuando estas drogas se adhieren a ciertos receptores de opioides pueden bloquear la transmisión de los mensajes de dolor al cerebro. Los opioides también pueden causar euforia porque afectan las regiones del cerebro que controlan lo que percibimos como placer.
 
“Estos resultados son interesantes porque hemos visto cambios en la expresión de los genes del receptor de opioides en un área del cerebro, que controla cuánto uno come durante una comida”, dijo Bello.
 
Los nuevos hallazgos sugieren que el consumo excesivo de alimentos que son muy apetecibles y gustosos mantienen el aumento de los opiáceos en el cerebro, y que el aumento de los opiáceos puede ser un factor  en los trastornos de la alimentación.
 
Estos resultados podrían ayudar a identificar la base biológica de estos trastornos, entre los que se encuentra la bulimia.

Información proporcionada por ConCiencia News

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