José F. Sánchez. Los Angeles | 31 de agosto de 2012

Desde que Diana Spencer se desposó con el Príncipe Carlos su vida dio un giro completo. Se convirtió en parte de la realeza y una de las grandes personalidades del Siglo XX. Su belleza y su frescura no dejaron de asombrar a un mundo cansado del protocolo y de las formalidades de la familia real.

El encanto de Lady Di no tenía límites. Destilaba amor a raudales por los más necesitados. Impuso moda con un estilo propio e inconfundible. Pero contradictoriamente era una princesa triste. En el Palacio de Windsor no recibía lo que ella derrochaba a manos llenas: amor.

Con los años se envalentonó y acabó por encararse a toda una sociedad que no aceptaba una separación de la pareja real. Se acabó. El 28 de agosto de 1996 se divorció de Carlos, quien quedó libre para seguir sus amoríos con Camilla Parker, la sombra que acompañó al matrimonio durante muchos años.

Despojada de sus títulos de alteza, Diana voló hacia la libertad aunque sin abandonar a sus dos queridos hijos, quienes la amaron como la mujer que era.

Después del escándalo los ojos del mundo estaban más pendientes de su vida. Los paparazzi se volvieron unas rémoras que se alimentaban de cualquier migaja arrojada por la princesa. No la dejaban ni a sol ni a sombra, deseosos por encontrar un resquicio para colarse en lo más íntimo de su existencia.

Libre del yugo del matrimonio, Diana encontró el amor con el egipcio Dodi Al Fayed. Al principio se veían con total discreción, pero Di quería gritarlo al mundo. Había que esperar.

El destino no estuvo de acuerdo. Les dejó poco tiempo para disfrutar su amor. Todo terminó en el Túnel del Alma de la bella París. Como de película. Huyendo de los incansables perros de presa con cámara en mano.

El mundo se sacudió. Había muerto Diana de Gales. La princesa de cuento que se mostró como un ser de carne y hueso y que apenas empezaba a volar con sus propias alas.

Hoy, a quince años de la tragedia, Lady Di ya es una leyenda, una que se ha instalado en los corazones de mucha gente que la sigue recordando con nostalgia y con cariño. EC

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