Las cifras de las que habla Cisneros son mareantes. “El gobierno de Estados Unidos se gastará 14,000 millones de dólares para recopilar toda la información. Además se contratarán a 1.4 millones de personas para trabajar en ello y se abrirán unas 400 oficinas en todo el país”, explica.

Es lo que manda la Constitución. Cada diez años toca hacer recuento de la gente que vive en la primera potencia del mundo: Cuántos somos, cuál es nuestro origen étnico, dónde vivimos y a qué nos dedicamos, entre otras cosas.

“Lo que no le preguntamos a nadie, bajo ningún concepto, es su estatus inmigratorio”, puntualiza Cisneros, que sabe que es un tema delicado para los millones de hispanos que residen en Estados Unidos de forma irregular.

También deja claro que la información es completamente confidencial, por lo que no podrán compartirla con ninguna otra oficina del Gobierno, como el INS o el IRS.

Pese a todo, asegura que es “fundamental que la gente colabore en el proceso y que entiendan que es importante recopilar la información” para poder completar la radiografía de Estados Unidos.

¿Por qué es importante y cómo afectará a los hispanos? “Aunque sólo sea desde un punto de vista económico, sabremos dónde hacen falta nuevas carreteras o colegios o negocios para emprendedores que estén buscando oportunidades”.

Lo que no hace Cisneros es arriesgarse con especulaciones. Prefiere esperar al 31 de diciembre del año que viene, cuando le reporten los datos al presidente Obama. Sí adelanta que ahora mismo los hispanos son un poco menos de 47 millones y que el total de la población son unos 307 millones de personas. Todo un récord en la historia del país empujado mayoritariamente por la fuerza de crecimiento latino.

Para saber el número exacto, Cisneros pide que todo el mundo rellene la información y la devuelva, sacando pecho por el hecho de que es la primera vez que se enviarán 13 millones de formularios bilingües, en inglés y en español.

Aún así, prevén que habrá muchos que no lo devuelvan y que haya que ir puerta a puerta en busca de los datos, algo que puede costar una millonada. “Por cada 1 por ciento que no contesta, calculamos que nos cuesta entre 80 y 90 millones de dólares”, dice este experto en comunicación.

La cosa es sencilla y consiste en diez preguntas “que se responden en diez minutos”. Y después a sentarse a esperar los resultados de un ejercicio democrático que vendrá a confirmar que la gran potencia sigue creciendo una década después, aunque sólo sea demográficamente.

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