Pablo Scarpellini. Los Angeles | 9 de septiembre de 2011

 

David Figueroa no puede ocultar que es nuevo en el puesto. Se le notan las buenas intenciones, los bríos y las ganas de tener un impacto en la segunda ciudad del mundo con más mexicanos. Como es obvio, no se le escapa la ironía de que el cargo en cuestión no es como alcalde de Guadalajara sino de Cónsul de Los Angeles, una urbe extranjera.

 

“Es un fenómeno interesante esto de la inmigración”, dice desde su despacho del consulado, en el quinto piso de un edificio antiguo de la calle 6, justo enfrente del MacArthur Park.

 

¿Hasta qué punto le pesa un cargo como Cónsul en Los Angeles?
Es un gran reto pero con grandes oportunidades al mismo tiempo. Ahora el objetivo es que la comunidad se organice mejor para tener más peso. Somos casi 31 millones de personas de origen mexicano, hay que convertir ese número en impacto económico y en capacidad de decisión política. Ese está siendo nuestro esfuerzo y el único camino es la educación.

 

¿En qué consiste su plan?
Parte del plan pasa por la doble nacionalidad. Hoy en día, con la doble nacionalidad, los niños de origen mexicano tienen la oportunidad de tomar ventaja de los dos mundos. Esta nueva generación trae consigo una dosis de poder añadida. Para ellos no hay barreras ni fronteras.

 

¿Qué más pretende implementar como parte de su visión?
Un programa educativo  que se llamará “la semana por la educación”, cuyo objetivo es enviar un gran mensaje centrado en cuatro pilares. El primero es educación temprana con preescolar. Está comprobado que en esa época, de los 0 a los 2 años, es cuando el conocimiento está en pleno esplendor. Los que no asisten al colegio desde pequeños parten con desventaja a los cinco años porque no traen lenguaje ni una serie de habilidades que adquieren en los años tempranos.

 

¿No será que no lo hacen porque cuesta dinero?
Cierto, pero en preescolar es gratuito si pruebas que eres una familia de bajos ingresos. Es falta de información. El segundo punto es rebajar la deserción escolar en los niños de K-9 a K-12, que es del 50 por ciento entre nuestra comunidad. Muchos de esos jóvenes trabajan en supermercados en el mejor de los casos y en el peor los perdemos en pandillas o en drogas.

 

Siga, por favor…
El tercer eje es involucrar a los padres en la educación. Te tienes que involucrar. Es el único camino. Y el cuarto es la educación cívica. Si la gente no se involucra en las decisiones de las autoridades y en su comunidad, no hará respetar ni sus intereses ni los de sus hijos.

 

Hablemos de inmigración. ¿Diría que es la papa caliente de su consulado?
Es uno de los temas claves, sin duda. Creo que hemos entrado en una fase en la que por asegurar comunidades, hemos creado un programa que expulsa gente que no tiene un récord criminal. Están generando miedo y eso hace que la gente no participe con su comunidad y entonces vienen las violaciones a los derechos de los inmigrantes. Lo mío es prestarle ayuda a los mexicanos para que no se vulneren sus derechos.

 

¿Qué opina de una posible amnistía?
Creo que es necesaria una reforma migratoria razonable que no separe familias.

 

¿Le parece mala noticia que sigan llegando mexicanos a Los Angeles?
Pues habría que verlo, porque los datos dicen que muchos han regresado a México y eso es una buena noticia. Generalmente perdemos talento con los que se vienen para Estados Unidos y eso no es bueno para nuestro país. También hay que tener en cuenta que el crecimiento económico está fuerte en México y es un efecto interesante.

 

¿No teme que las remesas decaigan más todavía?
Es curioso que este año han vuelto a subir, mejor que el año pasado, cierto que instalados en un descenso. La tendencia es que vamos a acabar con 22.000 millones de dólares. Es una transición económica que acabará encontrando su lugar. EC

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