Ricardo Sánchez, que se mudó a Radio Centro hace unos meses, ha logrado ascender a los primeros puestos a su nueva casa en la 93.9

Lo de “El Mandril” es un fenómeno que no cesa. El cambio a Radio Centro en la 93.9 es la prueba más contundente del fervor de las masas por el toque popular, honesto y directo de Ricardo Sánchez, el nombre que figura en la partida de nacimiento de esta estrella mexicana de la radio.

Aunque hace solo unos meses de su mudanza, la estación ha pasado de puestos remotos en el ránking a estar en el número 2 en su franja horaria matinal, con la amenaza constante de dar el siguiente paso en cualquier momento. No sería, sin embargo, algo nuevo para “El Mandril”, que ya ha sido número uno con “La Raza”, la estación con la que estuvo siete años hasta finalizar su contrato.

“Cumplí con lo estipulado y me marché como un caballero”, explica el personaje radial hispano desde su oficina de Burbank, un espacio que aún está decorando por el reciente traslado. Es un lugar diferente pero la dinámica es la misma que ya conoce de memoria, un equipo de colaboradores, varios micrófonos y mucha energía para conectar con millones de oyentes en el sur de California y en otras partes del país mientras continúa su expansión.

Dice que lo ha conseguido siendo uno de ellos. “Somos populares y eso hace que te identifiques con la gente”, explica un hombre que comenzó con cinco dólares en Estados Unidos hace doce años y que, a punta de picardía, noticias de actualidad, deportes, farándula y muchos chistes, no ha tenido que volver a preocuparse por dinero.

Hoy habla de cantidades difíciles de entender para una mayoría de los mortales, después de encontrarse con el dilema de “si comprar ‘lunch’, echarle gasolina al carro o comprar una tarjeta para llamar a México”, habiendo sido antes pintor de casas, conserje de una escuela y vendedor de jugos en un parque.

Pero en el fondo, lo suyo siempre ha sido la radio. Cuenta que comenzó como ayudante de Juan Carlos Hidalgo en La Raza, “haciéndole el cafecito, rebotándole en palabras y cosas así, hasta que siete meses después me ofrecieron mi primer contrato de envergadura”.

La oferta de La Raza en la 97.9 fue tan tentadora que dijo que sí sin darle más vueltas, una plataforma en la que pasó de cobrar 500 dólares por quincena a los 5.000 que le ofrecieron. Hasta la mujer del banco se sorprendió, porque nunca tenía los 80 dólares suficientes para abrir una cuenta y me presenté con un cheque de 20.000″, recuerda con una gran sonrisa.

Con “La Raza” alcanzó cotas muy elevadas para un locutor hispano, convertido en número uno por encima de personajes del calado de Ryan Seacrest, Rush Limbaugh y uno de sus competidores más poderosos del mercado hispano, Eduardo “Piolín” Sotelo.

“La clave del éxito es que le hables a la gente en su idioma pero sin caer en la vulgaridad”, confiesa. “Yo tengo nietos y es muy penoso que vayas en el carro y me pregunten que por qué dijeron eso tan feo. Nos ha dado satisfacción el mantener esa línea” en una estación en la que emplea a sus cuatro hijos en distintas labores.

Ahora su objetivo es seguir creciendo y cumplir su contrato de otros siete años que tiene por delante, para después pensar quizá en el retiro. “Ya no tengo tanto la inquietud y no me quiero aferrar a los micrófonos el resto de mi vida.

El dueño me quiere sacar de la radio cuando esté viejito, y es bonito, pero no es mi intención”, dijo sincero el locutor. Por eso conviene disfrutar de su fenómeno mientras siga amenizando las mañanas de millones de latinos. EC

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