Ángela Andrade, de vender churros a ser premiada en el consulado

La colimense Ángela Andrade Cruz fue reconocida como el “Orgullo Mexicano del Mes» por el cónsul de México en Los Ángeles 

En la casa en que se trabaja, no falta grano ni paja. Esta frase célebre le viene como anillo al dedo a Ángela Andrade Cruz, una inmigrante que se gana la vida limpiando oficinas y vendiendo churros en la ciudad de Long Beach. Gracias a esos trabajos logró que dos de sus hijos terminaran la universidad en México. 

Su esfuerzo llamó la atención de una campaña que lleva a cabo el consulado de México en Los Ángeles: reconocer a personas como ella, inmigrantes que, de manera silenciosa, han contribuido a la sociedad en la que viven. De este modo, Andrade, originaria del estado de Colima, se convirtió en la segunda persona en ser galardonada como el “Orgullo Mexicano del Mes». La entrega del reconocimiento se llevó a cabo en el propio consulado.

“Para mí fue algo inesperado. Cuando me dieron la noticia de que me iban a dar el reconocimiento dije: ‘por qué, si yo no he hecho nada’, y la verdad considero que lo que hago es simplemente desarrollarme, desenvolverme como yo sé hacerlo”, declaró Ángela con sincera humildad. El reconocimiento del que habla es una litografía diseñada por el grabador y muralista Pavel Acevedo, también presente en la ceremonia.

Ángela Andrade posa junto al reconocimiento
Ángela Andrade posa junto al reconocimiento que recibió en el consulado mexicano.

“La historia de la señora Ángela es la de muchísimas mexicanas y mexicanos en Estados Unidos que trabajan con un gran empeño y hacen enormes sacrificios para sacar adelante a su familia. Lo que yo destacó de Ángela es que no sólo se dedicó a eso, sino que también paralelamente buscó su propio desarrollo”, dijo Carlos González Gutiérrez, Cónsul General de México en Los Ángeles.

Su esposo perdió la batalla contra el Covid, pero ella siguió adelante 

El camino que ha recorrido Ángela es de mucho sacrificio. Hace más de veinte años dejó a sus dos hijos adolescentes en México y se vino a Estados Unidos junto a su esposo en busca de mejores oportunidades. Lamentablemente, su compañero de vida perdió la batalla contra el Covid. Ella siguió adelante con dos trabajos: limpiando oficinas y vendiendo churros y golosinas los domingos en un puesto que tiene en el malecón de Long Beach. Con los dólares que envió, sus hijos pudieron ir a la universidad y graduarse. “Para mí fue difícil dejarlos, pero fue para sacarlos adelante”, agregó la señora Andrade, quien tuvo otro hijo ya estando acá y que ahora tiene 21 años. 

“Mi esposo falleció el 1 de enero del 2021. Recibí el año con esa tristeza de que mi marido ya no estaba conmigo y pues me tocó a mi ‘jalar’ sola. Tuve que decidir si quería seguir adelante para ganarme la vida. Decidí quedarme porque eso era fundamental para la educación de mis hijos”, señaló esta guerrera de cepa.

La señora Ángela no solo sigue con sus dos trabajos, también es estudiante y voluntaria en Casa Guerrero, una organización comunitaria que tiene servicios y programas para personas como ella. “Yo llegué aquí pidiendo ayuda para hacer una cita y renovar mi matrícula consular, entonces de ahí vino todo lo demás”, dijo. Se refiere a que se inscribió para recibir educación básica y después se quedó como voluntaria para ayudar a promover los programas que ofrece la plaza comunitaria. “Es muy bonito ver cómo las personas aprenden a leer y escribir, y a beneficiarse como yo lo he hecho, terminó diciendo Ángela, el Orgullo Mexicano del Mes. EC

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