La actriz y cantante Jennifer López vuelve al cine tras casi cuatro años alejada de papeles protagonistas con la película “Second Act” 

Silvia Alegría. Los Ángeles

Su estilo puede gustar más o menos, pero de ética de trabajo y persistencia puede dar cátedra la puertorriqueña Jennifer López. Su papel protagonista en Second Act, su próxima película tras casi cuatro años de relativo silencio, llega envuelto en un torbellino de actividad. La estrella de El Bronx es la jueza y productora ejecutiva de World of Dance, ha sido la protagonista y productora de una serie de televisión, Shades of Blue, y acaba de echar el cierre a 120 noches de conciertos en un casino de Las Vegas.

El nuevo filme que ahora ve la luz, dirigido por Peter Segal y con Milo Ventimiglia, Leah Rimini y Vanessa Hudgens en el reparto, no es diferente en el aspecto de sus anteriores trabajos: comedia romántica, ambientada en su Nueva York natal y cargada de paralelismos, con la cuota biográfica suficiente como para conectar con su tropel de admiradores.

López hace de una mujer de mediana edad, empleada de un supermercado que nunca tuvo la oportunidad de ir a la universidad y que, por accidente y espoleada por un espíritu ambicioso, acaba de alta ejecutiva en una firma de altos vuelos en Manhattan.

Cada vez se prodiga menos en la gran pantalla. ¿Ya no llegan guiones como los de antes o es que se ha vuelto más exigente?

Cuando leo un guión me tengo que imaginar a mí misma haciendo el papel mientras lo leo. Siempre y cuando no sea un asco al final, si se mantiene el interés y lo puedo visualizar, entonces voy a por él. Se crea una relación de inmediato. Y este tenía esas condiciones.

La premisa de la película es un tanto autobiográfica, de una latina de origen humilde que llega muy alto. ¿Cree que se ha convertido usted en una inspiración para esa diáspora de inmigrantes hispanos en Estados Unidos y hasta qué punto es importante eso para usted?

Creo que es muy importante. La gente tiene que saber que no solo hay un camino hacia el éxito, que hay muchas rutas para lograrlo, y por eso me gusta esta película, porque me veo reflejada. Me crié en El Bronx, no recibí una gran educación ni fui a la universidad; incluso en el mundo del baile, no conocía a nadie en la industria del entretenimiento. Tampoco había estado en Hollywood. Pero se puede lograr el éxito.

¿Diría que el camino la ha endurecido?

Creo que esto consiste en trabajar duro, en buscarte la vida con ahínco y con suerte tener algo de talento para poder explotarlo. Creo que el éxito de mi carrera es que aún siento que trabajo más duro que nadie, y que no paro.

¿Ha mentido alguna vez para conseguir un trabajo?

Estoy segura de que sí. No recuerdo cuando, pero estoy segura de que lo he hecho (risas).

¿Se tacharía de buena estudiante, aunque no fuera a la universidad?

No era mala estudiante, sencillamente no tuve la oportunidad, y quizá fueron más fuertes mi sueños en otra dirección. Nunca soñé con entrar en Harvard ni en ninguna de esas grandes universidades, no era mi ruta. Sabía que quería ser una artista.

¿Mandaría a sus hijos a la universidad?

Quiero que vayan , por supuesto, pero yo no fui, así que quiero dejarles la opción abierta. Me encanta el tener la capacidad financiera de poder mandarles, pero ya veremos.

Tanto Alex Rodríguez como usted han invertido mucho tiempo en comunidades menos favorecidas. ¿Cómo se siente?

Los dos somos latinos, producto de nuestro trabajo, de darle muy duro. Eso es lo que tenemos en común. El es conocido por haber sido uno de los beisbolistas que más lucharon, y yo igual, con la misma ética de trabajo. Y los dos venimos de orígenes humildes, que saben lo que se siente no tener nada, y por eso queremos ayudar y devolver parte de lo que nos ha dado la vida.

Lo que parece claro es que usted no para. ¿Cómo logra mantener semejante ritmo?

Hay que poner trabajo, eso es todo. No hay ninguna otra forma de conseguirlo. Claro que ya no me mato como solía cuando tenía 20 años. Entonces me levantaba a las 5 de la mañana antes de ir al set, iba al gimnasio y luego me iba a bailar, pero ya no hago nada de eso. He cambiado con el tiempo y estoy donde siento que está mi cuerpo. EC

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