Luca Verne. Los Angeles | 9 de marzo de 2012
 

Cuesta imaginarse un perfil como el de Will Ferrell, instalado en superproducciones de Hollywood, haciendo una cinta completamente en español, aunque en esa precisa idea radique el éxito de “Casa de mi padre”, que se estrena en Estados Unidos este viernes.

 

Lo interesante es que Ferrell ha hecho un gran esfuerzo por tener el mejor acento posible, y su seriedad y el entorno del personaje lo hace aún más cómico. Además está respaldado por dos actores contratados y de prestigio en México como Diego Luna y Gael García Bernal, pareja en “Y tu mamá también” y “Rudo y Cursi”, lo que confirma que es una película de empaque, una sátira de calidad sobre México, los narcotraficantes y los pistoleros al otro lado de la frontera.

 

Todo ello alrededor del personaje que interpreta Ferrell, Armando Alvarez, un vaquero metido en el rancho de su padre toda su vida y que recurre a su hermano Raúl (Diego Luna) tras enfrentar problemas financieros. El nudo de la historia comienza a desarrollarse para el espectador cuando aparece en escena Sonia (interpretada por Génesis Rodríguez), la novia de Raúl y la mujer que enamora a Armando.

 

A esa situación de infidelidad hay que añadirle los negocios ilícitos en los que anda metido Raúl y de los que no sabía nada Armando, lo que crea más tensión en la trama, además de dar sentido al personaje que da vida Gael García Bernal.

 

El célebre actor mexicano es Onza, uno de los capos de la droga que se han hecho tristemente célebres en México por las matanzas y las decapitaciones constantes. El papel de Bernal es una sátira de esa clase de capos, una exageración divertida de todo ese mundo de trajes blancos, botas de vaquero en punta y pistolones para defender sus grandes fincas.

 

La cinta de Matt Piedmont apunta a cine de culto, en la línea de algunas películas de Robert Rodríguez como la última, “Machete”, una hipérbole en toda la línea sobre el mundo de la droga y la frontera, con sarcasmo y humor negro que el espectador intuye desde la primera escena.

 

Will Ferrell, por su parte, tuvo que someterse a una intensa preparación en el idioma de Cervantes con el fin de adaptarse a las exigencias del guión, y aunque su acento sigue siendo notable, su actuación convence. “Aprendí español más o menos”, confesó el actor en una entrevista reciente. “Trabajé con un traductor durante un mes antes de rodar la película y eso me ayudó mucho”.

 

Pero ya advierte que en principio no perseverará con el cine en español. “Solo le he quitado un puesto de trabajo a un latino, porque todos los demás actores hablan español muy bien y yo no puedo competir con ellos”, dijo Ferrell con su habitual sentido del humor.

 

Es el plato fuerte de una cinta que promete desatar críticas y comentarios allá a donde vaya, una comedia con suficientes atractivos como para tener tirón en taquilla. EC

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