El equipo merengue se juega su pase a la final de la champions en un terreno que no le trae buenos recuerdos

La décima se le niega. Real Madrid no gana la orejona de la Liga de Campeones desde el 2002. La acaricia, la contempla, la desea, pero no la consigue. Allí está otra vez, en la mira, tan cerca y tan lejos.

Qué mala pata. Otra vez los alemanes. En dos torneos seguidos los blancos han mordido el polvo en semis con equipos teutones. Doloroso el recuerdo de hace dos años cuando el Bayern los echó fuera en la tanda de penales allí en el Bernabeu y con la imagen de Sergio Ramos atónito luego de volar al espacio su tiro desde los once pasos. Un año después vendría la caída con el Dortmund, para echarle más sal a la herida.

Ahora huele a venganza. Les tocó el tigre en la rifa. Un Bayern Munich recargado y para acabarla de amolar, con Guardiola en el banquillo. ¿Pero qué más puede pedir? El equipo madrileño tiene en sus manos la oportunidad de acabar con sus fantasmas, con los teutones y hasta con Pep.

La final del 24 de mayo en Lisboa espera a dos. Real tiene que jugar al cien, jugar a lo que sabe, a una velocidad vertiginosa y trazos largos para sus ejecutores Benzemá y Cristiano. Di María y Modric deberán multiplicarse para ganarle la partida al mediocampo alemán. Hay que tener en cuenta que se las verán con una versión del Barcelona pero con esteroides: altos, fuertes, veloces y con toque de balón. Se espera un choque de trenes en ambos duelos.

Del otro lado llega Mourinho y sus azules, siempre presto para acaparar reflectores y con un equipo tosco, pero efectivo. Pero Chelsea no puede respirar tranquilo, enfrente está el Atlético de Madrid, un cuadro a la alza que es todo corazón, entrega y oportunismo. Los Colchoneros no tienen nada qué perder y eso los hace doblemente peligrosos. Hay choque de trenes en la Champions y solo dos llegarán a la cita final. EC

Anuncios de interés en Los Ángeles

Más artículos de interes