A la euforia colectiva cada cuatro años, se unirán las voces de millones de africanos orgullosos de poder organizar un Mundial de fútbol por primera vez en su historia. La bandera de los cientos de pueblos oprimidos por las guerras y la hambruna a lo largo de décadas la portarán los sudafricanos, país designado por la FIFA para que ruede el balón el próximo 11 de junio.

 

Y no es casualidad que los sudafricanos hayan sido los merecedores de semejante honor, representantes de un progreso continental que con cuentagotas va dejando la miseria ancestral en el pasado. Y no sólo en lo económico, situados como están en el puesto 138 de las naciones con mejor calidad de vida, según el ranking de la ONU, sino un poderoso símbolo de libertad, de un país que hace décadas era excluido de todas las competiciones internacionales —como los Juegos Olímpicos y el Mundial—, y que ahora acogerá a miles de visitantes y a las delegaciones deportivas de 31 países que se darán cita en Sudáfrica.

 

El país de Nelson Mandela, de la minas de oro y los safaris, se abrirá al mundo en un intento de dar buena imagen, de dejar atrás los críticas por la falta de seguridad, las bajas ventas de entradas por el alto precio para la población local y el retraso en la construcción de los estadios.

 

De momento, todo parece estar funcionando como un reloj y en las calles la emoción por el inicio del Mundial se respira. En los colegios los niños los perciben como la oportunidad para unir a todo el país de nuevo, que ya vivió un momento semejante con la victoria del equipo nacional de rugby en el Mundial de 1995.

 

En aquel entonces, el recién estrenado presidente Nelson Mandela, artífice del final del apartheid que discriminó a la población negra durante más de 30 años, logró conectar a todo su pueblo con el deporte, algo que esperan poder repetir.

 

Claro que los millones de turistas que se esperan encontrarán pocos vestigios de aquella Sudáfrica de 1995. Quizá la pobreza, que aún afecta al 60 por ciento de la población negra y casi un millón de blancos, aunque no queda mucho del tremendo sometimiento que padecieron los hombres y mujeres de color.

 

Hoy, todos tienen derecho al voto y una plaza garantizada en la universidad frente a los blancos, una igualdad de condiciones que ha ayudado a que el país sea el más rico del continente, generando un 25 del PIB total. En la actualidad, su renta per cápita es aceptable, ubicada en 9,767 dólares de acuerdo a la ONU, aunque su índice de mortalidad todavía es muy bajo: 55 años.

 

Si bien es cierto que la crisis económica mundial ha afectado el crecimiento de las últimas décadas —las posteriores al apartheid—, Sudáfrica se mantiene como una nación poderosa, receptora de miles de trabajadores temporales de países vecinos como Lesotho, Namibia o Bostwana.

 

Su capital es Ciudad El Cabo, con Johannesburgo como principal atractivo en términos de restaurantes y vibrante vida urbana. Es la principal ciudad del país y la gran potencia económica africana, por delante de ciudades como El Cairo o Nairobi.

 

Después está la opción de perderse por el parque nacional Kruger, uno de los territorios predilectos de los turistas para hacer un safari, o descubrir la ciudad de Durban, al este del país, con sus playas famosas por el surfing.
Y de comer, hay que probar los guisos de frijoles con curry, producto de la influencia india de los inmigrantes y una mezcla de los gustos de las colonias holandesas, francesas y británicas que pasaron por allí. También existe la posibilidad de probar las Frikkadels, una pequeñas hamburguesas con nuez moscada que son típicas de un país donde el pescado abunda sobre la carne por ser un país de abundantes costas.

 

Toda la información sobre el Mundial de Sudáfrica la encuentras en https://mundial2010.elclasificado.com

Anuncios de interés en Los Ángeles
Compartir

Más artículos de interes