La selección mexicana terminó la peor eliminatoria de su historia y gracias a Estados Unidos jugará el repechaje ante Nueva Zelanda

Pepe Penales. Los Angeles | 16 de octubre de 2013

Fue una noche de Halloween. Terror puro. México cayó de rodillas en su último duelo eliminatorio ante Costa Rica. Los verdes estuvieron a segundos de quedar fuera del Mundial, pero por azares del destino todavía les queda una gota de esperanza, aunque vaguen como zombies sin voluntad, sin vida, sin control.

Cero personalidad. Cero fútbol. Cero ideas. Siguen en la lucha por intervención divina. “Dios nos quiso dar otra oportunidad”, dijo “El Chaco” Giménez tras la humillante demostración en Costa Rica. El nacionalizado fue el más acertado y honesto en sus comentarios. “Estamos en deuda con nuestro país”, añadió.

Ni los cambios en la dirección técnica ni en el campo de juego sirvieron para cambiarle el chip a un desmoralizado, confundido, temeroso y deficiente equipo de fútbol que comenzó su pérfida travesía en aquel empate contra Jamaica en el mismísimo estadio Azteca.

Pocos se salvan de lo acontecido en San José. Tal vez Rafa Márquez y “El Cepillo” Peralta, pero el resto fue fue víctima de una mentalidad perdedora, de un miedo increíble a hacer mal las cosas y de un horripilante desempeño en el toque del balón. Lo más patético fue la falla del “Chicharito” Hernández solo ante el arco abierto. De ahí en adelante fue como una bola de nieve que cada vez crecía más en errores y desatinos. Los ticos, sin la presión encima, salieron a ganar el partido y aprovecharon la condición endeble de un rival al borde del nocaut, al que terminaron por ponerle la bota encima y retorcérsela con ese placer malvado de haber vencido al arrogante.

Punto y aparte merece la gallardía, la integridad y el profesionalismo de Estados Unidos. Tuvo en su poder la suerte de México, pero se olvidó de todo y pisó la cancha canalera dispuesto a hacer su trabajo sin importar nada más. Hoy México resuella y Panamá llora.

No, no se lo merece, pero el Tri tiene por delante la serie de consuelo ante Nueva Zelanda, un premio totalmente inmerecido. Vucetich tendrá un mes para recoger los escombros y medio ordenar el asunto. Mientras, las transnacionales, los dirigentes del fútbol mexicano, las cadenas de televisión y miles de empresas y particulares secundarios mantienen la esperanza de seguir comercializando con un producto de mala calidad llamado ‘selección mexicana de fútbol’. EC

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