Omar Bravo Tordecillas pasó de ser un temible artillero con un lugar asegurado en el primer equipo con Chivas, a jugador de recambio, el que le dan unos minutos en la cancha para recuperar el nivel. Pero de nada ha servido. Sigue con la pólvora mojada.

Nacido en Los Mochis, Sinaloa, el 4 de marzo de 1980, Omar practicó el béisbol siendo un niño, pero luego supo que o suyo era el fútbol y fue tan bueno que a los 14 años el Santos Laguna se fijó en él, pero su pase no se concretó y más tarde fue a parar con el Guadalajara, club con el que alcanzó la cima.

Con el Rebaño Bravo se coronó campeón en el torneo Apertura 2006, pero no fue sino hasta el siguiente año cuando obtuvo su primer título de goleo. Este hecho forma parte de las páginas de oro de la institución rojiblanca, ya que desde 1961 ningún jugador del chiverío había sido campeón goleador desde que lo hiciera Salvador Reyes, un histórico del equipo. Otro de sus momentos de gloria fue al formar parte de la selección nacional en Alemania 2006, donde anotó dos goles.

El declive
Pero dicen que la vida es como una rueda de la fortuna. Luego de estar en la cúspide, el mochiteco comenzó a declinar tras su salida del equipo tapatío para buscar la gloria en Europa. Su destino, el Deportivo La Coruña. Pero lo que presagiaba un destino mejor se convirtió en una pesadilla. Tan mal le fue en España que regresó pronto y recaló en Tigres. De goles… nada.

Luego tuvo que doblegarse y regresar al redil, donde encontró cobijo no sé bajo qué condiciones. Lo cierto es que le dieron la oportunidad de rehacer su carrera, pero los resultados fueron negativos: un gol en 14 partidos.

La frustración se le nota a Omar en el rostro. En su mirada turbia se nota que los demonios los lleva dentro. Sus enojos y desplantes lo tiene atrapado. Lo peor de todo es que su lugar de privilegio en el ataque del equipo lo llenó pronto otra estrella en ciernes, el “Chicharito” Hernández.

La mejor solución para ambas partes apunta en otra dirección, a Cancún específicamente. Se rumora que Bravo ya sostiene pláticas con la directiva del Atlante. Tal vez puede ser a otro equipo, pero lo cierto es que el futuro de Bravo ya no está en Guadalajara.

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