Pepe Penales | Los Angeles | 22 de agosto de 2011
Fue una derrota dolorosa, pero no humillante. Otra vez El Campín de Bogotá fue el escenario para que el Tri sub 20 diera la nota. No pudo ser. Brasil fue mejor y con un marcador de 2-0 terminó con el sueño azteca… a medias.

 

El balance no fue negativo, el equipo mostró agallas, buen fútbol y lo más importante, personalidad. Su pase a la etapa semifinal en el mundial colombiano fue una proeza. No lo hacía en esta categoría desde 1977 cuando perdió la final con la Unión Soviética allá en Túnez.

 

Con esto culminó un excelente verano para el fútbol azteca. La mayor se coronó en la Copa Oro y se ganó un boleto a la Confederaciones, la Sub 17 obtuvo la máxima distinción con su título en el mundial de la categoría, y ahora los chavos menores de 20 años demostraron que el talento existe en el país de los tacos y el tepache.

 

Da la sensación de que se pueden cosechar buenos frutos de aquí a un futuro cercano. Las dos camadas de juveniles vienen pisando fuerte. Todo era cuestión de trabajo, paciencia y confianza en los jóvenes, fórmula que lamentablemente, solo algunos equipos practican, léase Pumas, Chivas y Atlas.

 

No parece descabellada la idea de que un título del mundo esté lejano para la selección mayor, si es que el resto de las directivas se fija más en sus fuerzas básicas y labra el camino para debutar más jugadores.

 

La caída de la Sub 20 no sabe tan amarga. Se cayó con dignidad y se demostró que el jugador mexicano está despuntando. El técnico del seleccionado, Juan Carlos “La Pájara” Chávez, también debe recibir elogios. Supo amalgamar un cuadro sólido y respetable, además de sacar lo mejor de cada uno de ellos.

 

No hay que perderle la pista a la partida de guerreros de esta selección, jugadores como Diego de Buen, Carlos Orrantia, José Rodríguez, Alan Pulido, Edson Rivera, Ulises Dávila, Taufic Guarch y Jorge “El Chatón” Enríquez deberían ser considerados para puestos titulares en sus equipos, sobre todo por encima de algunos extranjeros que deambulan por la inoperancia, más colocados a chaleco por sus representantes que por su talento en la cancha. EC

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