El pequeño gigante del Barcelona de España es indiscutiblemente el mejor jugador del mundo, pero por un instante muchos suponían que, al haber ganado el oro el año pasado, los votantes al Balón de Oro se inclinarían por premiar a uno de los motorcitos de su mismo club y de la campeona del mundo: el de Albacete, Iniesta, o el catalán, Xavi.
Así se venía haciendo durante las pasadas cuatro premiaciones en año mundialista, desde Zidane en el 98, Ronaldo en el 2002 y Cannavaro en el 2006. Entonces, se esperaba que cualquiera de los dos españoles nominados se convirtiera en el segundo de ese país en lograr el premio, luego de que Luis Suárez lo ganara hace cincuenta años.

No fue así, con muy poco margen los corresponsales de la revista fundadora del trofeo “France Football”, y los capitanes y seleccionadores de todo el mundo le dejaron el cetro de rey al argentino que, a sus 23 años, se convirtió en el más joven en repetir la hazaña.

Mientras sigue la polémica de que el 10 del Barcelona no se lo merecía, tampoco nadie le reprocha nada. Cómo hacerlo cuando sigue encandilando con esa forma de jugar, alegrando la vista del respetable que lo sigue en los estadios y por una pantalla de televisión. Cómo hacerlo con sus 62 conquistas en 67 batallas a lo largo del año. El, por su parte, ni se preocupa por acaparar premios, éstos lo siguen como el hierro al imán.

Xavi e Iniesta son los mosqueteros que acompañan a Messi enloqueciendo defensas, y cada uno con talento para estar entre los tres mejores del mundo, pero muchos confirman que sin duda, Leo es el mejor. Los generadores del equipo culé lo saben y ni se increpan porque a final de cuentas, el trofeo se quedó en casa en manos del argentino más español, ése que apenas dejada atrás la niñez no conoció más casa que la blaugrana.

Días después de la gala en Zurich, el de Rosario se deshizo de la timidez y la falta de elocuencia para regresar a su esencia, esa que le da el césped de la cancha y que lo convierte en el mejor pregonero del fútbol. Allí, con el balón adherido a sus botines se destapó con un “hat-trick” como para acomodarse mejor la corona.

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