La selección mexicana tiene el peor inicio en un hexagonal final y hasta el momento le está ganando la presión

Pepe Penales. Los Angeles | 29 de marzo de 2013

Un estadio Azteca pletórico. Un clima estupendo. Un rival a modo. La oportunidad de redimirse ante su gente, en casa y ante el archienemigo del norte que no llegó en su mejor momento. Y nada.

Una vez tras otra los embates del ataque tricolor quedaron frustrados ante una ordenada defensa estadounidense. Arriba los gritos, el apoyo de casi cien mil personas vestidos de esperanza. Abajo, los de negro cada vez más desesperados por abrir el marcador. Nunca encontraron la llave del cerrojo gringo.

Un empate ante Jamaica en casa y otro en la difícil San Pedro Sula ante Honduras. Los focos rojos empezaron a titilar. Contra los de Jürgen Klinsmann salieron a arrasar, coparon gran parte del terreno y se apoderaron del esférico. Lo malo es que arriba no tuvieron “punch”.

El equipo del “Chepo” se quedó sin ideas, intentando lo imposible en las alturas, llegando con pocos elementos a la zona de peligro, donde hasta ocho robles visitantes los estuvieron esperando todo el tiempo y con un Michael Bradley inmenso por su simplicidad y su perfecta ubicación.

Tres puntos en tres partidos, una cosecha muy pobre. Por menos echaron a Enrique Meza y a Sven Goran Eriksson en sus procesos eliminatorios. Encima, algunos quejándose del arbitraje y del clima sin ver sus propias falencias.

El camino es largo todavía, pero las ansias pueden ser peligrosas. Luego de dos meses de pausa se vienen dos visitas que ahora se ven más complicadas: Jamaica y Panamá. Otra vez la potencia física de estas dos selecciones puede ser un factor determinante en contra del tri.

Inimaginable. El gigante del área en quinto lugar de seis equipos. Una bofetada a la incapacidad, a la falta de contundencia, a la falta de gol. Pero, por otro lado, hay tiempo para enderezar la nave. El resto del pelotón tampoco ha demostrado gran cosa. Panamá, el inesperado líder, está a solo dos puntos de distancia.

Pero queda claro que hablar antes de tiempo no sirve. Tampoco tener la pelota y no meterla. Ahora el tricolor mexicano tendrá que duplicar el esfuerzo si no quiere quedarse sin mundial. No es pesimismo, pero si no empieza a sumar de a tres las cosas se van a poner más feas todavía. EC

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