Pepe Penales. Los Angeles | 11 de mayo de 2012

No puede ser. Un solo título en 32 años es lo que ha conseguido uno de los llamados equipos grandes del fútbol mexicano. Este torneo volvió a ser decepcionante para la cada vez más desesperada afición celeste, que ve como su equipo sigue sin poder cargar esa cruz tan pesada que lleva en el pecho.

Muchos se preguntan cuál es la raíz del problema por el que Cruz Azul sigue quedando a deber. Ha llegado a varias finales, pero justo en el momento en que debe apretar el acelerador para vencer al enemigo, pone primera y terminan por rebasarlo.

Este año fue más de lo mismo, o peor, luego de ser borrado de la Liga local y la Libertadores de una forma poco digna, sin espíritu de lucha, sin garra, sin ambición. Pero ya no es sorpresa.

Urgen cambios. El del “Ojitos” Meza es casi un hecho, su sistema no funcionó. Mucho control de balón pero como los cangrejos, jugando hacia los lados. Por eso destacó el joven Maranhao, que en lo poco que jugó fue de los pocos que encaraban al rival hacia al frente. Otros que se salvan de la quema son el “Chaco” Giménez, Emanuel Villa y el arquero Corona, quienes demostraron tener sangre en las venas.

Hace falta un revulsivo, alguien que inyecte adrenalina pura en las arterias del cuerpo celeste, que lo sacuda desde sus cimientos. Se rumora que podría llegar al banquillo del técnico el polémico Tomás Boy, quien podría dejar de ser entrenador de Monarcas para enfundarse la azul. El temperamento explosivo del “Jefe” tal vez sea el mejor remedio para encender la chispa de una máquina que no carbura.

Deben salir jugadores que no han dado la talla, como el colombiano Edixon Perea, Omar Bravo, Israel Castro y Alejandro Vela. Hace falta recuperar a los lesionados que se perdieron todo el torneo, como Torrado, el “Cata” Domínguez y Waldo Ponce, y traer refuerzos que sepan la clase de compromiso que se espera de ellos.

Igual hace falta pedirle cuentas al presidente de la institución cementera, Billy Alvarez, porque ha sido bajo su gestión que el equipo nomás no pasa de perico a perro. Cuando enderece el camino tal vez el equipo recupere algo de las glorias pasadas. EC

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