Después vinieron los tiempos malos debido a problemas económicos que provocaron la venta del equipo. El sindicato de electricistas tomó el mando del equipo y después de navegar en la segunda división, regresó a primera aunque con grises resultados.

En la década de los setenta, el club, nuevamente endeudado, es vendido y su nombre cambia por el de Atlético Español, un movimiento totalmente errado que provocó que mucha de su afición dejara de serle fiel al otrora popular Necaxa. Le tomó once años a la directiva darse cuenta del error y luego rebautizó al equipo otra vez como Necaxa.

Llegó la década de los 90, y con ella, los Rayos regresaron a la senda victoriosa con un plantel plagado de excelentes jugadores como Alex Aguinaga, Ivo Basay, “El Picas” Becerril, Nacho Ambriz, Sergio “El Ratón” Zárate, Luis Hernández, Alberto García Aspe y Ricardo Peláez, entre otros, todos bajo el mando de Manolo Lapuente. Lo irónico es que pese a esa etapa de triunfos, los Rayos no llamaban la atención de los aficionados, quienes se inclinaban por el América, el Cruz Azul, los Pumas y las Chivas. A raíz de ello se toma la decisión de llevar al club a Aguascalientes, situación que pareció un tanto extraña para muchos, pero que a final de cuentas le devolvió al equipo un poco de su identidad perdida, ya que los hidrocálidos le dieron una calurosa acogida y un apoyo incondicional, algo que necesita un equipo grande para seguir respirando.

Fútbol de aquí, de allá y de más allá…
Vaya susto el que se llevó la selección mexicana en su choque ante su similar de Honduras; por poco se les aparece el muerto pero al final a los catrachos les faltaron 10 centavos para el peso, tuvieron chance de matar al león, pero lo dejaron con vida y éste se recuperó y los devoró con dos rayos del mejor jugador del partido, el “alemán” Pavel Pardo.

Mención aparte merece la labor del “Cuau”, quien con su sola presencia se echó al equipo a su no muy derecha espalda y dejó en claro que es de los jugadores que sí hacen diferencia. El sueco Eriksson sudó, pero pasó su primer examen gracias a la experiencia de los jugadores “extranjeros”. Ahora, el Tri deben seguir con actitud y agallas para su visita a Jamaica, donde no crea que los recibirán con los brazos abiertos.

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