Pepe Penales. Los Angeles | 25 de noviembre de 2011
 

Cuando se juega una final hay que ser despiadado con el enemigo. No tomar rehenes y llevarse el botín completo en cada enfrentamiento. Así no se sufre tanto. Pero una cosa es decirlo y otra hacerlo.

 

Cruz Azul y Chivas lo pueden atestiguar tras sus derrotas con Morelia y Querétaro. Dejaron vivir al rival y pagaron las consecuencias. Tigres y Santos mejor, pero no lo suficiente como para cantar victoria.

 

Los dos primeros de la tabla arrancaron como se temía. Chivas pecando de verde y Cruz azul con la reversa puesta sobre el terreno de juego, víctima de sus propios temores.

 

Tigres chato pero con orden y un Santos que puede apabullar pero que termina conformándose. Por eso no hay nada para nadie. Los de arriba pueden apretar y sacar las castañas del fuego. Tienen la localía de su lado. Para los de abajo no hay nada perdido. Para ellos todo es ganancia.

 

Por eso la liguilla empieza a calentarse. Ya no debe haber concesiones. Hasta la afición cuenta. No juega, pero en todas las plazas de los finalistas se nota el fervor por sus equipos.

 

Guadalajara tiene que aprovechar y sacar a la cancha a sus mejores hombres. Recuperar a Arellano, Marco Fabián y Luis Michel si quieren seguir en carrera. La dinámica no basta, también vale el colmillo.

 

En el Azul, los cementeros tienen que dejar la frialdad de lado y mostrar hambre de victoria. Ser tibios no les ayuda para nada. Muchas liguillas jugadas pero nada de premio mayor.

 

Los Tigres del “Tuca” deben ser más contundentes. No echar el camión atrás con tanto descaro. Con un estadio “Volcán” encendido es para contagiarse y aplastar a los visitantes. Ya les hace falta un título a los norteños.

 

En el “Territorio Santos Modelo”, los guerreros siempre apuestan a la ofensiva. Si arriba llegan balones para Oribe Peralta y Darwin Quintero, habrá goles seguramente.

 

Las víctimas en el papel no lo fueron tanto en los partidos de ida, por eso no hay que descartar a ninguno. Incluso Gallos Blancos y Jaguares pueden ponerle la primera estrella a sus escudos si salen enchufados en cada una de las finales que están jugando. Así deben encarar todos los involucrados lo que resta de la liguilla, como una final. El que no lo entienda así no merece ser campeón. EC

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