El título a nivel mundial que obtuvo el tricolor sub 17 en el 2005 fue un logro de extraordinaria magnitud, pero aún hoy es como una flor en el desierto, sin nada alrededor. Después, puros fracasos, uno de ellos dolorosísimo: no haber calificado a los Juegos Olímpicos, lo que significó en gran medida el cese de Hugo Sánchez como director técnico de la selección verde.

Otro golpe difícil de digerir acaba de ocurrir, se trata de la humillante eliminación de la Sub 20 en la lucha por calificarse al mundial de la categoría, que se jugará en Egipto a partir del 24 de septiembre. En el pre-mundial que arrancón el pasado 6 de marzo, México tenía por rivales a la anfitriona Trinidad y Tobago, a Costa Rica y a Canadá, ¿y qué pasó? Pues perdió con ticos y canadienses, y empató con los trinitarios… y adiós mundial.


Claro, luego del tropezón, ocurrió el consabido desgarre de vestiduras, la plañidera de los que de seguro, seguirán en sus puestos ganando plata a costillas de la selección nacional, la mayor, por supuesto, porque como es bien sabido, las menores les importan un reverendo cacahuate. Ahora, los dedos apuntan en todas direcciones, pero si no se hace nada por reestructurar los cimientos del balompié azteca, entonces los fracasos seguirán.


Señores, no hay duda: las frases célebres se crearon en base a realidades. Lo que le pasa al fútbol mexicano a nivel selecciones nacionales, se puede definir de la siguiente manera: “Renovarse o morir”. EC

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