Era de ley que España ganara y ganó. El mejor equipo de los 32, el del toque vistoso, el del “tiqui-taca” se llevó, por fin, su primer Mundial después de 80 años de intentos frustrados y expectativas incumplidas. El equipo de Vicente del Bosque no quiso desaprovechar su primera ocasión en la gran final y cumplió, al final, con un gol agónico del representante de una generación única de jugadores españoles, Andrés Iniesta.

El de Albecete, jugador estrella del Barcelona de Pep Guardiola, aprovechó un pase de Cesc Fábregas en el minuto 118 para rematar a un conjunto holandés que se despedió del Mundial con un concierto de patadas y juego sucio. Como recordó hoy su gran leyenda, Johan Cruyff, en un diario barcelonés, los naranjas tuvieron suerte de no haber acabado el partido con nueve y en la primera mitad, después de que castigaran el juego de toque de los ibéricos con severas entradas que el árbitro inglés o no vio o no quiso ver.

De cualquier forma, no importó demasiado y al final España logró el reconocimiento más esperado, la ratificación de un equipo que comenzó a asombrar al mundo con su fabulosa victoria en la Eurocopa de 2008, liderados por el capitán Xavi y por el inmenso Iker Casillas, un portero que entró en el olimpo de los dioses españoles con su soberbias paradas en la final.

Le sacó un balón inmenso a Arjen Robben en un mano a mano que parecía el 1-0 para los holandeses, un acierto que dio ánimos a los rojos en el peor momento del partido, mediada la segunda mitad. Después, Del Bosque, más bien apático y tendiente hacia las alineaciones conservadoras, se decidió a dar entrada a la estrella del Arsenal, un Fábregas que dio un cambio radical al panorama en el minuto 85 de partido.

Gracias a su presencia en el centro del campo, la prórroga fue española de principio a fin, con un mano a mano del propio mediocentro catalán que se estrelló contra el portero tulipán. Pero su insistencia tuvo premio, tras recoger un error de la zaga holandesa y ponerle el balón histórico a Iniesta, que le dedicó su golazo al desaparecido Dani Jarque.

Después Casillas se puso a llorar justo antes de recoger el preciado trofeo, que levantó ante el estallido de pueblos y ciudades de toda España. También se celebró la victoria de España en todo el mundo, simpatía universal por la ‘roja’, el nuevo campeón del planeta fútbol.

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