Pepe Penales. Los Angeles | 14 de septiembre de 2011

 

Cada año es lo mismo. Promesas, puras promesas. Se arman hasta los dientes con jugadores caros, con técnicos de todos sabores y colores, con uniforme nuevo cada temporada. Llegan presidentes, asistentes, ejecutivos… y nada. Los resultados siguen sin aparecer.

 

Los cambios son muchos, tanto en el banquillo del entrenador como en la cancha. Los torneos cortos añadieron desesperación en los directivos que exigen resultados, pero que no se arriesgan a darle luz verde al proyecto de las fuerzas básicas.

 

No, mejor que venga el extranjero de probados resultados. Pero algo pasa en el seno americanista que muchos que llegan con cartel de estrellas terminan por irse totalmente apagados. Ni Vuoso, ni Vicente Sánchez, ni Montenegro han demostrado estar a la altura de las expectativas.

 

No es que sean malos, pero no terminan por identificarse con el equipo amarillo. Antes ya fueron ídolos de otra afición o han deambulado de aquí para allá.

 

En los años gloriosos del americanismo la mayoría de jugadores se convertían en figuras enfundados con el uniforme azulcrema, de ahí que les nacía un amor especial por la institución. Hoy no se percibe la misma sensación.

 

Esto los de pantalón largo no terminan de entenderlo. No forman jugadores, simplemente los compran. Hoy los técnicos están sufriendo las consecuencias, sin importar si son de corazón amarillo como Carlos Reinoso, una de las glorias del equipo.

 

Reinoso está en el patíbulo. Regañado. Encorajinado. Incrédulo. Sin saber dónde está la causa del problema. Otros vendrán en su lugar a tratar de enderezar la nave, pero si el cartógrafo que le da el mapa al capitán no hace bien su trabajo, el barco seguirá a la deriva destruyendo ánimos, corazones y voluntades.

 

La culpa es compartida. Dueño, directivos, presidente, cuerpo técnico y jugadores lo saben. Lo difícil es replantear todo el engranaje de la institución para empezar de cero, para recuperar algo del prestigio perdido. Ese que en su momento cumbre le dieron elementos como el mismo Reinoso, el “Pichojos” Pérez, el “Negro” Hodge, Borja, “Pata Bendita”. Y más tarde Brailovsky, Zelada, Bacas, Tena, Aguirre y hasta Cuauhtémoc Blanco, el último guerrero de una dinastía que ya no es más. EC

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