Pepe Penales. Los Angeles | 30 de marzo de 2012

 
Se espera un lleno en el corral del chiverío. La visita lo amerita, al menos en el papel y en la historia. Chivas y Aguilas se vuelven a encontrar. Los dos eternos enemigos se verán las caras ante unas tribunas rebosantes de amarillo y azul por un lado, y de rojo y blanco por el otro.

 

Los que harán su agosto son los vendedores a las afueras del inmueble de Zapopan. El ambiente será de fiesta, aunque no se sabe si será lo mismo en la cancha, con dos equipos que todavía siguen apagados y esperando dar la puntilla al odiado rival y amarrar un lugar en la liguilla. Sería como matar dos pájaros de un tiro.

 

Los dos están viviendo distintas realidades. La temporada pasada los tapatíos terminaron al tope de la tabla y hoy sufren para arañar un cupo entre los ocho primeros luego de un inicio desastroso. América acabó penúltimo el Apertura 2011 y en ésta le falta un pellizco para meterse a la liguilla.

 

Pero ninguno tiene los argumentos necesarios para ser claro favorito. A pesar de su poderosa plantilla, los de Coapa nomás no convencen y cuando les tocó enfrentar a Morelia, uno de los pesados, acabaron enterrando el pico. Por su parte, las cabras dan la impresión de ser un equipo frágil, tienen llegada pero no “punch”. A eso hay que sumarle el desgaste de estar jugando la Libertadores.

 

Si quieren dar un salto a sus aspiraciones de calificar, tienen que salir a demoler al enemigo. El partido es clave para los dos, ya que les esperan partidos duritos. A Chivas le quedan Tigres, Atlas y Pachuca; mientras que América todavía jugará con Santos, Puebla y Cruz Azul.

 

Nada de especulaciones, hay que jugarlo como el “súper clásico”, intentar rescatar el honor y el orgullo que cada uno le debe a su fanaticada y a su historia, donde hay que salir con todo y sin tomar prisioneros.

 

América tiene dos espinas clavadas gracias a sus derrotas por 3-0 y 3-1 en sus dos últimos agarrones. Eso debe motivarlo para salir a buscar la victoria. Chivas está en su casa y no debe permitir la humillación de que su eterno rival se vaya con los tres puntos. En juego está más que el orgullo, está la posibilidad de acceder a la fiesta grande. EC

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