El Soccer City parecía una colmena. Con más de 80 mil aficionados en las tribunas, en su mayoría vestidos de amarillo y con el ensordecedor zumbido de las vuvuzelas, sudafricanos y mexicanos dieron inicio al torneo mundialista. Pero a pesar de la lejanía, los guerreros aztecas no estaban solos, una que otra mancha verde de seguidores del Tri se hacía sentir con sus porras y sus cánticos, poniéndole el toque latino a las tribunas y dejándole saber a los de Aguirre que en las buenas y en las malas, podían contar con ellos.

En la cancha las cosas empezaron bien para el Tricolor. El equipo supo sobreponerse a los nervios de jugar el partido inaugural sin hacer caso al constante apoyo de casi todo el estadio. En ese aspecto no hay nada que reprocharle a los jugadores del “Vasco”. Se plantaron con dominio propio en la cancha y pronto se hicieron dueños del control del balón arribando con peligro al área enemiga desde los primeros minutos. Los de casa se veían perdidos y daba la impresión que estaban para la goleada.

Pero como se venía sufriendo en los partidos amistosos, la delantera mexicana no supo concretar las llegadas que generó. Gio y Franco se perdieron algunas buenas oportunidades para abrir el marcador. Además, a muchos les sorprendió el once titular que el técnico mandó a la cancha, empezando por el “Conejo” Pérez, quien parecía un manojo de nervios cada que se acercaban los africanos, y dejando en el banco a Andrés Guardado.

Y la falta de contundencia le pasó factura a los de Aguirre. En la segunda parte, el mejor de Sudáfrica, Siphiwe Tshabalalarte se comió a Osorio en una descolgada y fusiló a un dubitativo Oscar Pérez, que sólo vio pasar el obús rumbo a la red. Allí aparecieron los viejos fantasmas del equipo mexicano.

Con la desventaja, Aguirre metió a Cuauhtémoc y a Guardado por un desapercibido Vela y un enjundioso Paul Aguilar, y la cosa cambió. El “Principito” empezó a generar fútbol y de sus botines llegó el pase que dejó solo a Rafa Márquez, quien sin tentarse el corazón sacó un zapatazo que se anidó en la portería enemiga. La angustia había terminado… o eso creían las huestes aztecas.
Después del empate el partido se abrió con ambos equipos buscando el gol del triunfo, y otra vez una veloz llegada de los africanos puso a sudar a la zaga mexicana y a un “Conejo” que se veía más perdido que Adán en el Día de las Madres. Para su fortuna el remate del delantero amarillo dio en la base del poste y se alejó del marco mexicano. Minutos después llegó el pitazo final que decretaba el empate en el duelo inaugural de la Copa del Mundo.

Francia y Uruguay aburren
Con una lucha encarnizada en el medio campo y un empate a roscas terminó el segundo partido del grupo A, entre Francia y Uruguay, disputado en el estadio Green Point de Ciudad del Cabo. Clásico partido de Mundial, de esos de dientes apretados y donde se juega principalmente para no perder puntos.

Los de Domenech tuvieron más dominio de pelota, pero a la hora de acercarse a terreno enemigo los celestes se multiplicaban para anular el peligro. El que más intentaba por los galos era Ribery, pero siempre se quedó corto en el último estirón. Los charrúas, por su parte, se sentían tranquilos con copar la defensa y la media dejando en punta a Suárez y a Forlán, que también sufrieron por encontrar un balón a modo.

Así se fueron al descanso y así siguieron en la complementaria, dando y repartiendo leña lejos de las áreas. Tan ríspido fue el duelo que hubo un total de 6 amonestados, 3 de cada bando, y uno de ellos, el uruguayo Nicolás Lodeiro vio la roja a 8 minutos del final.

Una vez terminada la primera jornada del Mundial, no hay nada para nadie en el sector A, pero lo que se viene promete mejores cosas.

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