Fueron dos años de altibajos. Dos años de lucha constante para armar a un equipo que diera pelea. Dos años en que los aficionados de los Indios de Ciudad Juárez bajaron de la gloria, al infierno.

La Tribu se ganó a pulso un lugar en la primera división en el 2008, pero pronto se dio cuenta de que la competencia es a otro nivel, que se necesitan más que agallas para dejar atrás le mediocridad y los últimos lugares. No fue fácil, en su primera temporada estuvo por los suelos, pero echando mano de gente de experiencia y bajo el mando del uruguayo Héctor Hugo Eugui, los fronterizos comenzaron a subir peldaños en el 2009.

De pronto, eran la novedad del torneo. Hasta se dieron el lujo de quitarse de encima la loza del descenso para conseguir un lugar en la liguilla, consiguiendo en el trayecto dos empates y dos triunfos ante los cuatro grandes del fútbol mexicano: Chivas, América, Pumas y Cruz Azul.

La fronteriza Juárez era todo fiesta, su equipo estaba en la liguilla y con el ánimo por las nubes. Su primer rival Toluca, mordió el polvo en los cuartos de final, pero en semis se acabó la magia. Pachuca paró en seco las aspiraciones de estos Indios respondones.

Llegó un nuevo campeonato y con ello el resultado de la resaca provocada por la embriaguez del torneo anterior. Entonces, los resultados volvieron a preocupar. La directiva cortó por lo más sano y despidió al técnico llevando a su lugar a un inexperto Pepe Treviño y a jugadores que poco o nada aportaron para revivir al equipo.

Hoy, a escasas cuatro fechas de que termine la temporada, los juarenses ya tienen apartado su boleto con destino a la división inferior. No, ni ganando todos sus partidos restantes alcanzan para superar a los pésimos Tigres, que sólo están arriba de ellos por escaso margen.
En términos generales, a muy pocos les va a importar que Indios sea el condenado. Muchos estarán contentos de eliminar de su itinerarios el tortuoso y largo camino para ir a una Juárez dejada de la mano de Dios. Pero queda una afición sin equipo, aquellos que en el Benito Juárez encontraban un remanso de paz para desahogarse pacíficamente de sus rutinas. Y en un lugar donde la violencia y la inseguridad es tema de todos los días, duele todavía más esta despedida.

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