Se espera que más de 50,000 aficionados mexicanos, muchos de ellos residentes de Estados Unidos, lleguen a Brasil para apoyar al tricolor en la Copa del Mundo

Pepe Penales. Los Angeles | 17 de diciembre de 2013

Se evitó la catástrofe. Se salvaron millones de dólares en ingresos. México consiguió el boleto al Mundial de Brasil 2014 y con ello la posibilidad de que miles de aficionados preparen maletas para hacer el viaje hacia el sur del continente para apoyar a su selección, una constante que se viene repitiendo desde el Mundial de Estados Unidos 1994 y que significa una importante derrama económica para el país organizador del máximo evento deportivo a nivel global.

 Los mexicanos están por todas partes. Hacen ruido. Se hacen sentir. Gritan, apoyan, consumen. Adrián “N” vive en el Condado de Orange y recuerda como si fuera ayer su viaje al Mundial de Alemania 2006. “En los partidos de la selección el número de mexicanos en las tribunas superaba por mucho al del equipo rival. Y no se diga en las calles, porque aunque muchos no lograban conseguir boletos, estaban en los bares, los restaurantes, las tiendas, etc.”.

 El aficionado azteca está tan identificado con sus colores nacionales, que hace hasta lo imposible por seguir a su selección adondequiera que vaya. Aunque también vale la pena destacar el apoyo de los connacionales que habitan en cada rincón del planeta. Si no, vea lo que pasó cuando México tuvo que jugar la repesca ante Nueva Zelanda. Allá, en los confines de la Tierra, un grupúsculo de entusiastas aficionados daba la nota con sus playeras verdes, sus sombreros, sus porras, sus matracas y toda la parafernalia que usan para hacerse notar.

 Será un viaje largo rumbo a Brasil, pero no tanto como lo fueron a Alemania y Sudáfrica. Y los atractivos son muchos. Las playas, la samba, la comida, las garotas, el fútbol. El menú es suculento. Hay motivos suficientes para que el aficionado mexicano se haga presente.

 En las primeras 24 horas de que las entradas se pusieron a la venta a través de internet, México fue el país que más boletos solicitó, con un total de 11,580, superado únicamente por Colombia (12,103), Chile (23,014), Argentina (30,659) y Estados Unidos (38,009). Y tenga la certeza de que una gran mayoría de las solicitudes provenientes de “gringolandia” son de personas de origen mexicano.

 Siguiendo con las estadísticas se anticipa que el aficionado azteca estaría gastando alrededor de 200 millones de dólares en paquetes mundialistas, cuyo precio por persona se ubican entre 3,000 y 5,000 dólares. Y falta lo que gastarán en consumo de comida, de bebida, de afiches, de transporte. Por eso a México lo reciben con los brazos abiertos en las Copas del Mundo.

 Un Mundial es para disfrutar, para festejar. Es una fiesta y los mexicanos se pintan solos para celebrar cualquier cosa. Encima está la pasión deportiva. La selección nacional puede estar en su peor momento, pasar por una crisis terrible, sufrir cambios en todas sus líneas. No importa, cuando el equipo llega a un estadio el apoyo será incondicional. Las gradas se inundarán de verde con miles de aficionados entonando el Cielito Lindo, haciendo la ola, metiéndose con el árbitro y gritándole obscenidades al portero rival. Es la idiosincrasia del mexicano. De esta manera desahogan su insaciable entusiasmo por ver a su equipo ganar en el terreno de juego.

En Natal, en Fortaleza, en Recife. Allí estarán los mexicanos, haciendo ruido y disfrutando del fútbol y de todo lo que tiene que ofrecer Brasil a los turistas de todo el mundo. Es su Mundial. Es su fiesta. Y los mexicanos están invitados.

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