Cruz Azul enfrenta a unas Aguilas con la intención de ganar el “clásico joven” y de paso salir de la penumbra que lo acompaña desde hace tiempo

Pepe Penales. Los Angeles | 22 de febrero de 2013

Siguen sin encontrar una fórmula ganadora. Tienen regularidad pero no terminan de convencer. Pelean finales pero no con campeones. Ya son 15 años sin título. Si no se ponen las pilas en lo que resta del torneo, será más de lo mismo.

No se ve ninguna diferencia del azul del “Ojitos” Meza y el de Memo Vázquez Jr. Cumple, pero a medias. No conoce el peligro del descenso. Es uno de los mejores en la porcentual, pero no levanta copas.

Ese puede ser el problema. Necesitan una sacudida que los haga temblar, que los despierte. Tienen un plantel de primera, con incorporaciones de peso para hacer un conjunto temible, pero su juego cansino desbarata cualquier anhelo, cualquier esperanza. Hay que cambiar el chip urgentemente.

América puede ser el revulsivo. Los del “Piojo” Herrera están encendidos. Además, es el “clásico joven”, uno que nació en los setenta y que se juega con intensidad. El Azteca será el escenario donde midan fuerzas. Los de Coapa llegan en mejor momento que los de La Noria.

Los cementeros no tienen problemas en la zaga. Es en el ataque donde están chatos. El “Chaco” las sigue peleando todas, pero necesita aliados… y piernas. Arriba necesitan despertar Pavone, “El Chuletita” y Teófilo Gutiérrez.

Ante los millonetas hay que apretar el acelerador o les van a comer el mandado. Los americanistas corren a mil por hora y llegan con mucho peligro cuando van al ataque. Por eso los celestes deben reaccionar más de prisa en la marca y en el traslado del balón.

Este puede ser el partido que defina el sendero de la Máquina para el resto de la competencia. Si no empiezan a despuntar la liguilla se les puede alejar cada vez más. Pero no basta con llegar entre los ocho mejores. Para el azul solo un título hará olvidar la sequía.

¿Cuánto más habrán de esperar los aficionados azules para celebrar un título? Ya son muchos años. Pero lo que cansa y desespera es ver que tienen un Ferrari pero apenas le meten primera o reversa, con miedo a apretar el pedal y darle rienda suelta a la velocidad. EC

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