La fama que alcanzó fue tanta que se daba el lujo de pasear en la capital mexicana en un lujoso Cadillac y de encender puros con billetes de cien pesos. El dinero no dejaba de llegar a sus manos, pero así como recibía, así gastaba. También participó en el cine en las películas Policías y ladrones y La sombra del otro, donde compartió créditos con artistas como “Resortes”, “Viruta” y “Capulina” y Ana Bertha Lepe, con quien tuvo un romance. Ese era “El Pajarito” Moreno en sus días de gloria.

Pero como sucede con muchos pugilistas que no saben controlar la fama, Ricardo empezó a descuidarse físicamente para finalmente sumirse en el mundo del alcohol y las drogas. Luego de perder la pelea por el campeonato mundial pluma ante el nigeriano Hogan “Kid” Basey, en la ciudad de Los Angeles, vino el declive para él. El dinero se le acabó y con ello, muchos “amigos” y también su esposa, quien acabó por pedirle el divorció. Tan bajo llegó que terminó vagando en las calles y viviendo de la caridad. Fue así como lo encontraron muchos años después, viviendo en un gimnasio público de Durango, afectado de sus facultades mentales, donde finalmente lo encontró la muerte el pasado 24 de junio de 2008, a la edad de 71 años.

Una de las historias que contaba Ricardo, ya afectado mentalmente, era que había tenido dos hijos y que la primogénita era la actriz estadounidense Linda Evans, protagonista de la serie de television “Dinastía” -muy popular en los 80-, fruto de una relación que tuvo en sus mejores años cuando hacía giras a este país.
Qué triste despedida para un grande del pugilismo azteca. La vida es efímera y hay que beberla a sorbos, pero hay personajes como “El Pajarito” que se la acaban de un solo trago. Descanse en paz.

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