El boxeador de sangre mexicana, Andy Ruiz demostró que las ganas y la preparación pueden superar cualquier obstáculo

Cuando la oportunidad y la capacidad se encuentran, cualquier cosa es posible. A una semana del triunfo de Andy Ruiz en el templo del boxeo internacional, el Madison Square Garden, el boxeador de Imperial, California, sigue saboreando las mieles de un auténtico “batacazo”: nada menos que ganar de sopetón cuatro campeonatos del mundo de peso completo.

Ruiz tiene un angelote del mismo tamaño que su figura. Es de sonrisa fácil y orgulloso de su herencia mexicana. Humilde y franco, dice que los títulos los soñó desde que era niño y a pesar de que “decían que no iba a hacer nada porque estaba gordito”, dijo en una de entrevista a ESPN Deportes, una de las tantas que le han hecho desde que destronó al portento llamado Anthony Joshua.

El “Destroyer” llega en un gran momento para conectar con la gente que siempre está en busca de un ídolo, tanto de este lado como de allá. Ha causado tanto revuelo en tierras mexicanas, que el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador lo invitó a reunirse con él. Lo bueno es que a pesar de su nerviosismo por esta visita, los dos son igual de “campechanos” a la hora de hablar y al final todos salieron contentos.

El triunfo de Andy Ruiz servirá como un ejemplo a seguir por los miles, si no millones, de personas de todas las edades que se descalifican o que sufren acoso y burlas por no tener una figura esculpida que a veces les impide alcanzar su máximo potencial. Ruiz no es un improvisado, su trabajo le costó llegar hasta aquí, pero el prejuicio lo había frenado en más de una ocasión… hasta que por fin demostró que no hay que juzgar por la carátula, sino por el contenido.

“No duden de este gordito”, dijo Andy Ruiz en su visita a México. Hoy ya nadie duda de este nuevo campeón de peso completo, californiano de nacimiento, pero mexicano de corazón. EC

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