El boxeador mexicano enfrenta una dura prueba ante Timothy Bradley, el 12 de octubre en Las Vegas

Pepe Penales. Los Angeles | 4 de octubre de 2013

No tienes nada que probar. Ya te la rifaste durante 20 años demostrando un corazón de guerrero azteca. Comenzaste tu andar en los cuadriláteros con una derrota por descalificación ante Javier Durán, pero te levantaste con ese ímpetu y fiereza del capitalino luchón, aferrado, del que se levanta y va por más. A ver de a como nos toca.

Creciste intercambiando metralla con tus hermanos Rafael e Issac y vapuleado por tu hermana mayor, Carmen. El barrio de Iztapalapa te forjó el carácter. Eres un sobreviviente de las calles y afortunadamente llevaste tus dotes de peleonero a los encordados.

Disciplina férrea. Eso te ha permitido seguir en el boxeo y ser uno de los mejores del mundo. Alguien dijo que para ganarle a Pacquiao se necesitaba a otro más terco que él. Tú lo lograste. Lo mandaste a dormir finiquitando una rivalidad explosiva que ya duraba varios años.

Tienes 40 años y estás afilado como charrasca. Te has dado en la torre con los más duros y les has ganado. Tu presencia en el ring es sinónimo de entrega, técnica y puños demoledores. Nunca te han noqueado. Vas por la historia: 5 títulos del mundo en diferentes categorías.

El 12 de octubre, Día de la Raza, te espera una guerra en Las Vegas. Timothy Bradley tiene algo que según tú, te pertenece: la corona de los pesos wélter. Concedes ventajas en edad y en peso, no en experiencia ni en preparación. Sabes que tu rival tiene como armas predilectas la velocidad y las marrullerías. Pero ya estás acostumbrado desde chavo al combate callejero, a estar alerta todo el tiempo y a aprovechar cualquier ventaja que te den.

Que se cuide el californiano. Tú eres el retador y como tal te gustan los retos. Tendrás al público de tu lado. A la gran masa hispana que te apoyará en todo momento a ti, Dinamita Márquez. Con el “Canelo” y Chávez Jr. a la baja, tú eres su gallo.

Después, es el momento indicado para que cuelgues los guantes. Ya no tienes nada qué probar. Después de Bradley podrás decir adiós como los grandes y no cobijar regresos tristes e innecesarios. Tienes una familia, una historia de triunfos, un legado. Protégelos y retírate caminando con los brazos en alto rumbo a la gloria del boxeo. EC

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