Luca Verne. Los Angeles | 2 de noviembre de 2012

Manejar un puñado de egos debe ser un asunto complicado cuando se perfilan en contra. Mike Brown no debería ser el único culpable de un mal arranque de temporada para los Los Angeles Lakers, pero el caso es que con semejante pléyade de estrellas, no parece haber otro al que aparentemente echarle el muerto.

La afición angelina comenzó hace meses a celebrar por el simple hecho de tener  uno de las mejores plantillas de la historia de la franquicia, pero una vez ha vuelto a quedar demostrado que las colecciones de grandes nombres no son siempre las mejores soluciones.

La incorporación de Steve Nash y Dwight Howard este verano ha hecho que muchos lancen las campanas al vuelo muy deprisa. No hay duda de que con el tiempo tanto talento, junto al de las estrellas habituales Kobe Bryant y Pau Gasol, debería dar resultado, pero para formar un equipo hace falta paciencia y tener los conceptos muy claros.

De momento, el resultado no ha podido ser peor con ocho partidos de pretemporada perdidos y esas dos primeras derrotas ante de Dallas Mavericks y Portland Trailblazers ya de forma oficial. Por eso el partido del viernes ante Los Angeles Clippers —aún no se había disputado al cierre de esta edición— se antojaba decisivo pese a ser muy temprano aún en la temporada.

De momento, el mejor equipo de Los Angeles no es el de siempre sino los tradicionales vecinos pobres, a la espera de que Steve Nash se recupere de sus problemas de rodilla tras un golpe fortuito en el encuentro ante Portland. De su destreza para poner orden e imponer su estilo depende que este equipo camine al ritmo que se espera.

Con Bryant aún en fase de precalentamiento, solo Howard parece haberse puesto el mono de trabajo con contundencia. Sus 33 puntos ante Portland son una señal de que quiere ser la clase de estrella que fue con Orlando Magic, mientras Gasol y compañía se suman al festival.

Buena falta le hará en un año plagado de equipos con potencial. San Antonio, Boston, Oklahoma, Miami, Houston y los propios Clippers son ejemplos de lo caro que será el anillo de campeón este año. EC

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