El papel tradicional de los hombres en el hogar oscilaba entre la protección y la tiranía. Hoy las responsabilidades han empezado a ser compartidas por maridos y mujeres. O al menos existe una actitud más abierta, con menos prejuicios sobre el problema. Este cambio cualitativo se ha producido en virtud de complejos procesos en el interior de las familias y también el contexto social.

El hombre de hoy quiere ser papá
Un anuncio publicado en una revista decía más o menos: un papá joven y moderno, con un niño a su alrededor… (y no necesariamente con una mujer a su lado) necesita un departamento. ¿y la mamá? bien gracias.

¿Que significa eso? ¿Acaso ha surgido un nuevo tipo de hombre al cual se dirigen los publicistas? Tal vez, lo cierto es que más y más los hombres se incorporan a las actividades hogareñas, cualquiera sea su situación.
Recordemos una película -Kramer vs. Kramer-, en la que Dustin Hoffman es un desesperado papá-mamá que lucha con todas sus fuerzas para la custodia de su hijo. Y el éxito del filme, no se hizo esperar.

No hace mucho los franceses brindaron su propia versión, y los norteamericanos repitieron la dosis con la película “Tres solteros y un bebé”. ¿El argumento? Tres hombres libres de las ataduras sentimentales… se morían por estar juntos a un molestoso, llorón pero tierno bebé. Éxito en taquilla. ¿Casualidad? Es que el hombre de hoy quiera ser papá. Y no el viejo papá de siempre. Quiere ser un papá emotivo y cariñoso; un padre maternal.

Las nuevas generaciones de padres

Hoy en día, la vida en el hogar -aunque los divorcios han aumentado en número- es cualitativamente mejor que antaño. En otras palabras, las responsabilidades hogareñas tienden a ser entendidas de otra manera. Antes los papeles del hombre y de la mujer eran muy rígidos: al hombre se le asignaba el trabajo y el sustento, y a la mujer la maternidad y la crianza de sus hijos. En la actualidad, ambos, el marido y la mujer trabajan, y naturalmente, los dos tienen las mismas responsabilidades.

Está superándose poco a poco la concepción del padre-patriarca, el amo y señor de la casa, el hacedor de riqueza y por lo tanto, la máxima autoridad. Como único responsable del bienestar material de la familia, el padre-proveedor estaba afectivamente distante, muy distante.

Algunos padres no ven con simpatía estos cambios en los papeles de la paternidad. Lo consideran difícil e inclusive grotesco y artificial. No se acomodan a las nuevas circunstancias. Es que en ellos los patrones culturales están muy arraigados. Las nuevas generaciones de padres no piensan así: afirman que las relaciones entre padres e hijos son ahora más libres, menos disciplinarias. Existe mayor proximidad entre sí, y esta cercanía enriquece la afectividad; los padres se concentran más en los hijos y sus problemas y son más amigos que antes.

¿Cuales son las explicaciones de este fenómeno?


Para unos, el hombre de hoy está celoso de la mujer; siempre que sus hijos se le van de sus manos y se considera relegado. Por eso quiere ser un poco mamá. Para otros en cambio, esta conducta es producto natural de la liberación de las costumbres; el hombre actual se siente libre de la rigidez y la severidad que antes se le exigía, y puede así manifestarse como espontaneidad, sin tener que esconder con rubor sus sentimientos y emotividad. ¿Que opina usted? En todo caso, el hombre -mamá ha venido al mundo. Deseémosle una larga vida.

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