En un Mundial pocas selecciones quieren enfrentar a Brasil y menos ahora que es el anfitrión. ¿Podrá México dar la sorpresa en su choque de la primera ronda?

Brasil siempre es favorito. Es el pentacampeón y está en casa. Este verano es el que organiza la fiesta. Es su Mundial y no quiere perderlo. Que se cuiden los que se le atraviesen. No sale con la etiqueta de invencible, de espectacular, de mágico, pero tiene de lado a la historia, a la gente.

México está en el camino. El sorteo y el destino así lo quisieron. Hay una cita el 17 de junio a las 4 de la tarde, hora de allá. El Castelao remodelado los protegerá del sol de Fortaleza, pero no de las miles de gargantas que lo harán temblar con este partido de la primera ronda. Habrá mexicanos apoyando, de eso hay que estar seguros.

Son viejos conocidos. Amistosos. Copa América. Copa Confederaciones, la más reciente con un 2-0 a favor de los amazónicos, una probadita antes del Mundial hace casi un año. Los protagonistas que hablan se cuidan de no alardear, de no subestimar, de no provocar. Hay respeto de ambos lados. Es afuera donde al Tri lo dan por muerto, donde lo ponen como un escalón más de un Brasil al que colocan en la final.

Una gran mayoría anticipa, intuye, apuesta, a que la escuadra del “Piojo” Herrera no le gana al dueño de casa. Los mexicanos, acostumbrados al vaticinio, ya hicieron su quiniela: la ganamos a Camerún, perdemos con Brasil y empatamos con Croacia. ¡Estamos en la segunda ronda… y hasta allí llegamos!

Ironías del destino. México sufre en el inframundo de su confederación donde cualquiera le hace la vida de cuadritos, pero le suben la calidad del rival y se pone al tú por tú. Al mismo Brasil le ha plantado cara en más de una ocasión. Los Juegos Olímpicos de Londres 2014 puede ser un buen referente. Varios del primer equipo de los dos lados estuvieron en Wembley en una final soñada para los aztecas, donde con dos pepinos del “Cepillo” Peralta se colgaron la medalla de oro. En aquel entonces, el pelotón dirigido por el “Flaco” Tena impuso condiciones y le puso un cerrojo a las bujías brasileñas encabezadas por Neymar, quien pasó sin pena ni gloria en ese duelo.

Muchos olímpicos mexicanos y brasileños se volverán a encontrar. El mensaje será transmitido entre ambos bandos. Unos alertando para no confiarse, para señalar las armas del enemigo, para conocer sus debilidades. Otros para motivarse, para envalentonarse, para no darse por vencidos antes de tiempo.

Miguel Herrera confía en esa base que logró una hazaña que pocos creían posible. El plantel está comprometido. Pero hay que andar con pies de plomo. Esta es la Copa del Mundo. Hay que estar más concentrados que nunca. En un torneo corto cualquier descalabro es decisivo.

Hay que poner atención en el mediocampo mexicano, donde los que resguardan los ataques del enemigo tendrán que multiplicarse. El “Negrito” Medina, el “Gallito” Vázquez, Salcido o Diego Reyes serán los que deban meter la pierna y echar abajo las ideas de los volantes brasileños. Los otros, como Peña, Montes, Herrera o Marco Fabián, tienen la brújula apuntando al otro lado, a llevar agua al molino de los delanteros mexicanos. Los de abajo a controlar a los ejecutores; a Hulk y Neymar, los seguros; a Jo, Fred o Bernard, los relevos en el ataque de los de Felipao.

Habrá nervios. Es un partido de Copa del Mundo. Pero esos nervios serán compartidos. Los locales tienen la presión de ganar en casa, de confirmar su condición de favoritos, de encontrarse con un rival que ya se les ha indigestado. Para México es salir a darlo todo, a no arrugarse, a dar pelea y la sorpresa. Ya lo ha hecho antes. ¿Podrá repetirlo? EC

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