Ya han pasado casi dos años desde el desplome del mercado a finales del 2008 y aún se habla de crisis, la misma que golpeó con toda la fuerza posible el mercado inmobiliario y que todavía no ha dejado que se levante de sus cenizas.

 

Por eso, los expertos aseguran que rentar una vivienda sigue siendo la mejor opción en estos momentos de inseguridad financiera. Eso pese a la notable bajada en los precios de las casas y a los históricos bajos tipos de interés a la hora de pedir prestado dinero al banco.

 

Ahora más que nunca, el tópico de que alquilar una vivienda cada mes es tirar el dinero es más falso que nunca. Con calculadora en mano, se demuestra todo lo contrario, al menos a corto y medio plazo. Basta con tomar un ejemplo promedio. Pongamos un apartamento de dos habitaciones en Los Angeles por un precio de 450,000 dólares, a un 5.5 por ciento de tasa hipotecaria en un préstamo a 30 años. Imaginemos también que ese mismo apartamento se alquila por 1,750 dólares al mes, con un incremento anual sostenido del 3 por ciento durante los 30 años del periodo hipotecario.

 

Con un escenario así, y suponiendo que el precio de la vivienda se revalorice un 4 por ciento de media anual durante las tres décadas que dura el préstamo, los números dicen que hasta el octavo año no compensa económicamente comprar una casa frente al alquiler.

 

Mitos entre alquilar vs. comprar

Con esas cifras, sólo el primer año el ahorro es de 40,149 dólares, según una calculadora del diario The New York Times, algo que va menguando con el paso de los años. Ya con los datos en la mano, es más fácil entender los mitos que giran en torno al alquiler frente a la compra de casa. Son cinco fundamentales. El primero dice que alquilar es tirar el dinero. Falso. Los que tiran el dinero son los que compran casa, sólo por el hecho de que los primeros años prácticamente todo lo que pagan son intereses al banco por el privilegio de haber recibido un préstamo. Los que alquilan, por otra parte, no sólo no pagan intereses, sino que tampoco tienen que pagar impuestos sobre la propiedad —que en una casa de 450,000 dólares suele rondar los 6,000 dólares al año—, ni gastos de comunidad o mantenimiento, ni una cantidad un 30 por ciento —de media— superior al precio del alquiler.  Con la diferencia, que es bastante, se puede invertir en acciones, bonos o fondos mutuos, que suelen dar un mejor retorno anual que la revalorización de la vivienda, en caída libre en estos momentos de crisis. El segundo es que hay beneficios fiscales por ser dueño de vivienda. Cierto pero falso. Es verdad que se puede desgravar más por los intereses de la compra de una vivienda, pero es falso que sea una ventaja pues se pagan muchos más impuestos que una persona que alquila.

 

El tercero es que cuesta lo mismo la hipoteca que alquilar. También falso. Normalmente el precio de una hipoteca es 30 por ciento más que el alquiler en Estados Unidos, además de que comprar requiere un pago inicial (down payment) de miles de dólares y los costos de cierre de la operación, lo que obliga a que la revalorización de la casa sea rápida para recuperar lo invertido el primer año.  El cuarto es que los que compran tienen algo, frente a los que alquilan, que no tienen nada. Cierto pero no en este mercado, donde un 50 por ciento de los que compraron su casa en 2002 ahora deben más que lo que vale su casa, eso por no mencionar los millones de familias en todo el país que han perdido su casa fruto de la crisis hipotecaria y financiera. Y quinto, que las casas son una buena inversión. Esta es irrefutablemente cierta, aunque sólo en determinados casos y bajo determinadas circunstancias. Es falso que sea una verdad universal y si no, que echen un vistazo a este mercado, todo un tsunami para los dueños de casas. La conclusión no es otra que alquilar es bueno si el objetivo es de corto o medio plazo, que no es obligatorio comprar a toda costa y que no es cierto que pagar por vivir, aunque sea en casa ajena, sea tirar el dinero. Pagan mucho más los que compran, aunque al cabo de esos 30 largos años se hagan con el botín más preciado.

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