Ser el hospital número uno en California y el quinto en el país es un honor que el Children’s Hospital se ha ganado a pulso. De los 300.000 niños que atienden al año, un 70% son latinos.

Luisa Gómez con su hija Hanny Medrano en el Children’s Hospital de Los Angeles.

 Por Alicia G. de Angela | Los Angeles

Luisa Gómez recuerda a la perfección los preparativos de su viaje a Los Angeles. Su familia, residente en Morelos, México, se separó como tantas otras con la esperanza de lograr una vida mejor. Y ahora, tras una larga espera, por fin había llegado el momento para Luisa y sus dos hijos de pasar unas mini vacaciones junto a su padre al otro lado de la frontera.

Hanny, la hija pequeña de Luisa, cargó su mochila de ilusión y alegría y se preparó para el viaje de su vida. Tenía siete años y su madre recuerda a la perfección cómo hasta entonces no se había enfermado de casi nada. Hasta que un día Hanny empezó a andar de forma descoordinada.

“Fue algo muy extraño, de la noche a la mañana mi hija no podía caminar en línea recta. Yo la llamaba y en lugar de venir hacia mí, se iba hacia el lado contrario. Al principio pensé que era un problema en el oído pero cada día que pasaba estaba peor y empecé a asustarme. Al cabo de dos semanas la llevé al médico”.

Para sorpresa de Luisa, el doctor que visitó le dijo que la niña tenía un problema neurológico y que lo mejor era llevarla al Children’s Hospital. Así lo hizo.

Luisa y su hija Hanny entraron por el servicio de urgencias. Una experiencia que, aunque han pasado tres años, Luisa recuerda como si fuera ayer.

“Nada más llegar nos hicieron muchas preguntas y casi inmediatamente a Hanny le hicieron un CT Scan y un MRI. En menos de cinco horas ya conocíamos la terrible noticia”. A Hanny le habían encontrado un cáncer cerebral llamado meduloblastoma, tan voraz que los médicos le dijeron que podía acabar con su vida en un suspiro.

Luisa, en pleno shock emocional, quiso volverse a México, a su hogar, para que su hija fuera operada allí. “Pero no me dejaron. Los médicos me dijeron que a mi hija había que operarla de inmediato si quería vivir”.

Fue en ese momento cuando Luisa pensó que lo próximo sería hablar de los costos de la operación, algo lógico puesto que su familia no tenía seguro, pero la pregunta nunca llegó. “Nada de pagos. Nos hicieron sacar un Medical de emergencia y todo quedó cubierto”.

Richard D. Córdova, director ejecutivo y presidente del Children’s Hospital de Los Angeles, explica cómo éste ha sido siempre un motivo de orgullo para el hospital, que a día de hoy necesita 700 millones de dólares anuales para prestar sus servicios.

“Aquí atendemos a todos los niños enfermos, independientemente de su seguro, y así queremos que siga siendo en el futuro. Para lograrlo seguiremos trabajando en conseguir donaciones privadas y en que el ‘Affordable Care Act’ del presidente Obama se implemente de la mejor forma posible”.

Unas metas sin duda heroicas en los tiempos que corren y que hasta ahora ya han salvado la vida a miles de niños. Como la de Hanny Medrano, que tras ser operada durante más de siete horas en el Children’s Hospital, su tumor quedó reducido en un 85 por ciento. Ahora quedaba la tediosa recuperación y otras cinco operaciones más para devolverle a Hanny la sensibilidad en el lado izquierdo de su cuerpo.

 

 

Hanny Medrano fue operada de cáncer cerebral cuando tenía 7 años.
Hanny Medrano fue operada de cáncer cerebral cuando tenía 7 años.

“Fue muy duro, pero gracias a este hospital mi hija está viva”, cuenta Luisa sin poder contener la emoción, sabiendo que hoy Hanny cuenta con un 95 por ciento de probabilidades de sobrevivir. “Ahora además ya es ella”, dice Luisa aliviada, con esa extraña mezcla de alegría y tristeza propia de alguien que ya ha pasado por lo peor.

Hanny Medrano tiene hoy 10 años y puede hacer vida prácticamente normal. Va al colegio y juega con sus amigas todos los días, eso sí, en Los Angeles, porque ya nunca más volvieron a México. Las terapias, los chequeos y el resto de operaciones que le quedan han hecho que la familia se instale aquí de forma indefinida, algo que a Hanny parece no importarle.

“Este hospital es mi segunda casa. Aquí viví ocho meses y todos me trataron muy bien. Son como mi familia”, cuenta Hanny justo después de recibir una de sus terapias en el hospital. Su próximo objetivo, dice ella muy ilusionada, es convertirse en maestra, para así quizá enseñar a los niños del hospital que pasan por enfermedades tan graves como la de ella.

De hecho, si por algo es conocido el Children’s Hospital es por tratar a los niños más enfermos de la región. El cuadro de especialidades médicas que cubren parece interminable y el continuo desfilar de médicos y enfermeros por los pasillos da una pista de que son muchos, más de 5.000, los que atienden a los 300.000 niños que visitan el hospital cada año.

“Nuestro personal cuenta con la preparación, la tecnología y la pasión necesarias para proporcionar el mejor cuidado posible a los niños más enfermos de nuestra comunidad, por eso acabamos de ser elegidos el hospital número uno en California y el quinto en la nación”, afirma Richard D. Córdova. Un honor que en la práctica se traduce en salvar vidas.

Alex Rodríguez es otro de los jovencísimos pacientes del Children’s Hospital. Su vida también estuvo en peligro al tener que hacer frente con tan solo cuatro años a una terrible enfermedad. Ocurrió hace menos de un año, justo cuando iba a celebrar su cumpleaños.

Su madre, Leslie Rodríguez, estaba en plenos preparativos de la fiesta cuando su pequeño empezó a tener vómitos. Al principio, su madre pensó que estaba relacionado con la comida, pero los vómitos fueron incrementándose y también su falta de apetito. En un par de semanas había perdido peso y se le empezó a hinchar la cara.

Leslie llevó a su hijo al médico y ante lo complicado de su condición, fue remitido al Children’s Hospital. Una vez aquí, comenzaron las preguntas, el desfile constante de médicos y enfermeros y claro, las pruebas, muchas pruebas. Todo ello preludio de que algo no iba bien.

El devastador diagnóstico llegó antes de que acabara el día. “Su hijo necesita un trasplante de corazón de inmediato”, le dijeron los médicos. “Es la única forma que tiene de sobrevivir”. Son palabras que Leslie Rodríguez dice no olvidará jamás.

Pero lo peor, cuenta Leslie, fue hacerse a la idea de que la vida de su hijo dependía ahora de un donante.

El nombre de Alex fue puesto en la lista de espera del hospital de inmediato. Le avisaron de que podía ser un proceso lento, pero que tuviera esperanza. Mientras tanto, a Alex lo habían conectado a una máquina las 24 horas y lo habían puesto bajo medicación estricta. Aún así se puso muy grave.

“Yo veía cómo la vida de mi hijo pendía de un hilo sin poder hacer nada, pero el personal del hospital nos dio la energía necesaria para sobrellevar esos ochos meses de espera”.

Mientras tanto, Alex se fue haciendo famoso. “Todo el mundo lo conocía porque además de ser muy extrovertido le gustan mucho los superhéroes, así es que la habitación se fue llenando de regalos. Era muy chistoso porque a menudo Alex recibía a los médicos con la máscara de Spiderman”.

Tan contento estaba que cuando por fin llegó su corazón Alex no quería dejar el hospital. Esto fue en marzo de este año y para alegría de toda la familia, la operación fue un éxito total.

“Los médicos lloraban de lo bien que salió todo y los enfermeros todavía nos llaman a casa para preguntar por él”. Alex tiene que ir al hospital cada tres semanas y tomar sus medicinas, pero por lo demás lleva una vida prácticamente normal.

Ahora el pequeño de cinco años disfruta de sus vacaciones de verano y sigue jugando con su colección de superhéroes. De mayor quiere ser bombero, “para ayudar a la gente”, dice él y al preguntarle qué es lo que más recuerda del hospital, menciona un sinfín de nombres. “Michelle, Nate, Kenny, Pedro, Debbie”. Son los enfermeros y médicos que estuvieron junto a él y que seguro Alex no olvidará jamás.

 Children’s Hospital Los Angeles

Children’s Hospital Los Angeles

www.chla.org‎

(323) 660-2450

 

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