Ahora hace lo mismo en la primera potencia del mundo, Estados Unidos, donde millones de personas deben dejar para otra ocasión una caries o incluso un piedra en un riñón por falta de recursos y de seguro médico. Con la llegada de la legión de samaritanos que trabajan bajo la bandera de la ONG Remote Area Medical, han quedado expuestas las miserias de un pueblo que clama a gritos por una reforma sanitaria que dé cobertura médica universal a todos sus ciudadanos.

Esta clínica gratuita que viaja por todo el país desde hace años estará abierta hasta el martes en el Forum, el antiguo estadio de los Lakers de Magic Johnson y compañía, para después viajar hasta Fort Duchesne, en Utah, donde les esperan una tribu de indios nativos. Llevan más de 15 años atendiendo a gentes de bajos recursos en países pobres como Guyana o Tanzania, además de en su propia casa, donde estos días han puesto el dedo en la llaga más que nunca mientras en Washington se debate la conveniencia de otorgarle a todo el mundo lo que estos médicos consideran un derecho universal, aquí y en el Amazonas donde empezó a gestarse todo de la mano de Stan Brock.

“El presidente Obama estuvo cerca de aquí hace un par de días hablando de sanidad. Creo que que hubiera sido mucho más interesante que se hubiera pasado por esta clínica”, dijo Brock al diario “Los Angeles Times”.

Se hubiera encontrado con un panorama dantesco de gentes pobres, la mayoría afroamericanos, instalados a las afueras del pabellón esperando a ser atendidos después de horas de espera. “He pasado la noche en el aparcamiento dentro de mi coche”, asegura Rocky Kitchen, convencido de que merece la pena la ocasión. “Veo a niños salir felices porque pueden leer”, dueños al fin de un par de gafas después de años sin ver bien por falta de medios de sus padres.

Muchos otros se han quedado sin atención pese a haber estado horas afuera del pabellón esperando su turno. No hay suficientes voluntarios para curar a todos los que se acercaron hasta el Forum, y por si fuera poco, las leyes de California impiden que trabajadores sanitarios de otras partes del país crucen las líneas estatales para ejercer su profesión, aunque sea de forma desinteresada.

Algunos se marchaban furiosos sin la banda amarilla alrededor de sus muñecas que les daba derecho a recibir atención médica gratuita. “Tratamos de conseguir un permiso para traer a gente de Tennessee que arreglasen dientes y ojos, pero desafortunadamente excepto en ese estado, el resto del país no permite exportar personal sanitario de un estado a otro”, justifica Brock con frustración. Sólo una llamada para que se apunten más voluntarios podría apañar la situación, aunque de momento ya no quedan cupos para recibir a más pacientes hasta el martes.

Algunos con suerte han podido remediar situaciones críticas: una diabética con una amputación que no había recibido su medicina desde hacía meses, un jubilado urgido de un examen de rayos X por un problema en un pulmón o una mujer de unos 30 años, con un problema de riñón tan grave que fue enviada directamente a un hospital en ambulancia.  

Son historias de la tragedia que sufren y padecen 47 millones de estadounidenses sin seguro médico, en un país donde un seguro privado medio cuesta unos 1,000 dólares al mes para una familia de cuatro. Hoy el drama se centra en Los Angeles, la meca del cine donde esas dentaduras abandonadas no tienen hueco en la gran pantalla.

 

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