5. Cambios emocionales o de conducta, que no correspondan a una razón aparente, tales como estados depresivos o una disminución de la actividad sexual. Estas señales podrían indicar la presencia de algún trastorno circulatorio.
 6. Inflamaciones en las piernas (edema) al final del día, o la sensación de que los zapatos nos quedan demasiado apretados, especialmente si estas molestias han desaparecido al amanecer del siguiente día.
 7. Dificultad para dormir confortablemente en posición horizontal, necesitando la persona mantener el torso y la cabeza elevados con la ayuda de varias almohadas. Despertar súbitamente en mitad de la noche con una desagradable sensación de asfixia.
 8. Necesidad de dormir o descansar mucho más de lo que antes se acostumbraba, a pesar de ser la persona menor de 60 años y no haber tenido un aumento extraordinario de su trabajo habitual.
 9. Dificultad para respirar al despertarse en los días fríos, o cuando soplan fuertes vientos.
 10. Dolores de cabeza al despertar en la mañana. Podrían ser índices de una alta presión arterial. (La presión arterial debe ser chequeada periódicamente, con la frecuencia que el médico indique. Si la presión se ha mantenido perfectamente normal, una comprobación anual debe ser suficiente).
 11. Factores hereditarios. Si en su familia ha habido varias muertes prematuras provocadas por ataques cardíacos, usted deberá redoblar su cautela y vigilancia, comprobando con mayor frecuencia su presión arterial y sus niveles de colesterol en la sangre. También hará bien en reducir su consumo habitual de calorías.
 12. El exceso de peso que hace trabajar en demasía al corazón. El doctor Bertram Pitt, de la División de Cardiología de la Universidad de Michigan, enfatiza mucho la importancia de este factor.

Medidas preventivas

A más de las medidas preventivas que indique su médico, toda persona hará bien de adoptar las siguientes para evitar el riesgo de sufrir un ataque cardíaco que podría ser fatal.

 1. Reducir el consumo de cigarrillos y de bebidas alcohólicas.
 2. Reducir el consumo de grasas. Los mayores de 30 años de edad deben comprobar sus niveles de colesterol y de triglicéridos (grasa “libre” en la sangre) una vez al año; para los menores de 30 años si no hay síntomas alarmantes, esa comprobación debe hacerse cada 4 ó 5 años.
 3. Procure reducir, pero sin dietas drásticas, el exceso de peso. Si fueren más de cinco a seis kilos (aproximadamente de 10 a 12 libras), será mejor que el régimen de ejercicio y comidas que deberá observarse se lo señale el médico, y no usted mismo.
 4. Practique hábitos positivos de higiene mental: no abuse de un tipo de trabajo que le produzca excesivas tensiones; tome vacaciones periódicas (anuales o semestrales); descanse, distráigase y pasee los fines de semana; no trasnoche más de la cuenta; tome medidas para mejorar sus relaciones humanas, dentro y fuera del círculo familiar y del trabajo, practique algún “hobby” que le entusiasme y alivie sus tensiones.
 “Está ampliamente demostrado que las personas inmoderadamente ambiciosas y agresivas, sin otro horizonte mental que el del trabajo, hasta el extremo de ser “adictas” a éste, están en un peligro mucho mayor de resultar víctimas de ataques cardíacos, en comparación con las que procuran llevar una vida más relajada y plácida, mejor “balanceada”, comenta el doctor Elliot Rapaport, profesor de la Universidad de California y Jefe de Radiología del Hospital General de San Francisco. “Esta es una advertencia que nunca se repetirá lo suficiente a hombres y mujeres profesionales, de negocio o que ocupan posiciones ejecutivas que implican graves responsabilidades. Lamentablemente, tenemos que reconocer que no son muchos, en realidad, los que prestan atención y aplican el consejo en la práctica diaria”.
 

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